Torres cilíndricas: Enmarcando la
fachada destacan dos inusuales torres circulares que flanquean los pies del templo. Aportan un equilibrio simétrico único y un aspecto de fortaleza defensiva.
Portada románica: En el centro se aprecia el acceso principal con un
arco de medio punto rodeado por arquivoltas concéntricas limpias.
Canecillos y cornisa: Justo arriba de la
puerta y bajo el
tejado se observa la hilera de canecillos tallados, pequeños elementos de
piedra decorativos típicos de este estilo arquitectónico. Sillares regulares: Los muros están levantados con bloques de piedra caliza perfectamente labrados (sillares), que dotan al
edificio de una gran solidez y una textura uniforme. La
iglesia formaba parte de un antiguo
monasterio benedictino desaparecido, fundado por la reina Doña Mayor de Castilla. Además, es una parada indispensable y emblemática para los peregrinos dentro del
Camino de Santiago Francés.