Hola Chus, perdona que te corrija, pero no se decía robar las huertas, era correr. Y había cierta ética. Tenías que coger solo lo que ibas a comer y no destrozar los sembrados.
Te cuento una anécdota: eran fiestas y bajamos a las huertas al lado del castillo. Subimos a un manzano. Todo esto, los hermanos Villaverde, Toño y yo. Era de noche y de pronto Juan Carlos se dio cuenta que el árbol era de su familia. Nos reímos mucho, claro. ¡Y qué manzanas!
Un montón de besos.
Te cuento una anécdota: eran fiestas y bajamos a las huertas al lado del castillo. Subimos a un manzano. Todo esto, los hermanos Villaverde, Toño y yo. Era de noche y de pronto Juan Carlos se dio cuenta que el árbol era de su familia. Nos reímos mucho, claro. ¡Y qué manzanas!
Un montón de besos.
Ese es el término, posiblemente solo sea comprensible por los herrerenses, definición perfecta. Ibas cogías y corrías para que no te pillaran, siguiendo las normas que apunta Chivorro. Yo recuerdo que, por fiestas, cogíamos unas botellas de Martini y sal y nos íbamos a comer tomates de madrugada. Comíamos los que nos apetecían y a casa, sin destrozar.
También recuerdo aquellas manzanas reinetas que, todavía verdes, las mordías y sacabas aquel jugo que, aunque ácido, te llenaba la boca de un sabor ... (ver texto completo)
También recuerdo aquellas manzanas reinetas que, todavía verdes, las mordías y sacabas aquel jugo que, aunque ácido, te llenaba la boca de un sabor ... (ver texto completo)