Allí estaba la bicicletona del tío Balbino, los palos de varear la lana, las manuecas con las correas para atarlas a los piértigos que el abuelo prepararía en la maja siguiente, somieres, cabeceros y piezas de cama, alguna maleta vieja de cartón, baúles, algún jarrón para el agua descascarillado, una silla de montar con estribos como los que había visto usar al cura don Restituto que supongo eran del bisabuelo Bernardino, una estufa de petróleo, unas maneas para sujetar las patas de los caballos ... (ver texto completo)