Si nos sentimos orgullosos de nuestras casas de puertas afuera, también podemos presumir de ellas de puertas adentro. A mí me gusta enseñar las vigas de roble que tengo en la tenada. Son robles enormes, inmensos, que cruzan de parte a parte una de las casas más viejas y anchas del pueblo, en los que se nota el desbastado de la madera a hacha o azuela, que nuestros viejos llamaban con toda propiedad dólar. Son vigas excesivas y desmedidas que nuestros antepasados colocaron a esa altura cuando todavía ... (ver texto completo)