Para pescar truchas no hace falta fuerza sino maña. Tampoco ser un tío, y si no que se le progunten a Savina, la mujer más célebre de toda la montaña, mecagüencigorido. Un día la pillaron en el río con una zapatilla roja y otra negra, creo que el cura y el guarda. El agua, dice la leyenda, le llegaba por encima de las rodillas y tenía la ropa pegada al cuerpo, mecagüencigorigo. Les mandó a hacer puñetas. En aquel preciso momento la trucha estaba "averonada" e intentaba darle la vuelta, para agarrarla ... (ver texto completo)