Fue en boca de mis padres que escuché por primera vez el término “desaparecidos”, mucho antes de que esa palabra marcara cruelmente la
Argentina de mediados de los 70. Pero no entendí bien qué significaba ese concepto hasta que un drama semejante se instaló por estas tierras. Hasta ese momento, mi traducción infantil era que mis abuelos estaban muertos, dos víctimas más de las decenas de miles que provocaron la guerra civil española y el franquismo.
Benito Calvo era un leonés de ley, que había
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