La presencia de María en la vida cristiana se ha hecho notar siempre a través de la historia. La religiosidad popular se ha alimentado y se conserva en gran manera por los santuarios marianos, que son lugares de oración y penitencia. Allí se acude como meta para cumplir promesas hechas en momentos de apuros familiares o en situaciones críticas personales. En ellos se frecuentan los sacramentos, se reponen fuerzas y se esponja el alma en oración.
Antes de abandonar el santuario el peregrino deposita ... (ver texto completo)
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