Tenía tres hijas, que por cierto eran muy guapas y agradables. Eran recibidas con gran regocijo y alegría por la mocedad lugareña cuando venían al Castillo a pasar el verano. Disfrutaban enormemente con todas las cosas omañesas, especialmente con las fiestas de los pueblos. Vaya desde aquí, mi recuerdo y cariño a: Enmita, Pili y Saritina.
Viviran en Asturias