Hermoso día: Viernes y trece. Ha sido un estupendo día de sol; al
atardecer, cuando ya se ponía el sol, he mirado al horizonte y una bola roja se escondía tras las colinas que cercan mi entorno. He notado una cierta ausencia de brisa, pero el aire aún no huele
primavera, o quizá, y por desgracia, ya no me toque rejuvenecerme en los días dorados, como ocurría cuando la sangre quemaba en las venas, cuando formaba parte del
paisaje, cuando la tierra me entraba en si, cuando la hería con el arado tirado
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