Otoño. La tarde declina ya, y en los rastrojos del campo soriano, luce una luz de despedida, suave y tibia.
La carretera, llana y recta, espejea por el fondo de un valle de suaves laderas, blancas de pajas secas, con algún verde decorativo y escaso.
En la radio, va cantando la gente de Mocedades “quién quiere vender conmigo la paz de un niño dormido, la tarde sobre mi madre y el tiempo en que estoy queriendo…”
El coche circula soñando, solo, como quien conoce el camino de vuelta a casa. Para ... (ver texto completo)
La carretera, llana y recta, espejea por el fondo de un valle de suaves laderas, blancas de pajas secas, con algún verde decorativo y escaso.
En la radio, va cantando la gente de Mocedades “quién quiere vender conmigo la paz de un niño dormido, la tarde sobre mi madre y el tiempo en que estoy queriendo…”
El coche circula soñando, solo, como quien conoce el camino de vuelta a casa. Para ... (ver texto completo)