—No veo nada, —comenta Cayo muy asustado.
—No te muevas, pienso que la
cueva es grande, —añade Juseph. —Ahora
mismo te doy el otro
farol. Cayo lo coge, mira si el lugar donde apoya
sus pies es seguro. Un trozo más abajo, sobre una repisa del suelo, ve
un pequeño recipiente de barro.
—Está lleno, parece tierra lo que contiene. No me atrevo a descender por
el agujero sin la ayuda de una soga, —comenta Cayo con miedo y el susto
metido en el cuerpo.
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