Puedes estar muy orgullosa de tu tía Pilar. Su cara irradiaba paz, armonía, dulzura y un resplandor especial que conmovía a cualquiera. Aquella sonrisa perenne que siempre regalaba a todo el mundo, era un deleite permanente
para propios y extraños. Era sumamente
feliz, haciendo todo tipo de bién y entregando su generosidad a raudales con aquellas manos tan finas, blancas y pulidas. Su
casa brillaba cómo un
espejo de limpia y reluciente, atendida con un cuidado y primor, imposibles de igualar. Todo
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