Me parece plausible que otro de los notables de la Biblia, Moisés, subiera al monte Sinaí con un plan preconcebido, harto de tanto peregrinar por el desierto y de que su gente le montara un cirio cada poco. Había que arreglar aquella situación de descontrol con algún golpe de efecto y decidió subir al monte con la idea muy clara de reforzar su autoridad echando mano de lo que mejor sabía hacer: trasladar lo que el dios que llevaba en su cabeza le decía, a mandamientos que le ayudaran a poner orden ... (ver texto completo)
Desconfiando pues de las formulaciones del padre Astete, que en modo alguno ordenaba semejante sumisión, acudí a las fuentes originales y empecé a comprender a Abraham, y a tener claro que el intérprete Astete nos había colado una versión edulcorada de lo que en su día había dicho Dios. En el Éxodo 20:1-6 las cosas están muy claritas, según dijo Moisés que había dicho Dios:

“Y habló DIOS todas estas palabras, diciendo: Yo soy tu Yahvé tú DIOS, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. ... (ver texto completo)
Publicado el 25 de octubre de 2013 por Emilio G. de la Calzada

Se podría afirmar que desde la generación de mis abuelos para atrás, la vida de los padres era bastante cómoda si nos atenemos a la gobernanza de la casa. Eran dueños de sus pequeñas o grandes haciendas, los animales de la casa les reconocían como dueños, alguno había que hasta movía el rabo de júbilo al verles, y sus hijos les profesaban respeto y sumisión casi sin límites. Ocupaban con naturalidad el puesto que antes fue de sus padres, ... (ver texto completo)
Allí estaba la bicicletona del tío Balbino, los palos de varear la lana, las manuecas con las correas para atarlas a los piértigos que el abuelo prepararía en la maja siguiente, somieres, cabeceros y piezas de cama, alguna maleta vieja de cartón, baúles, algún jarrón para el agua descascarillado, una silla de montar con estribos como los que había visto usar al cura don Restituto que supongo eran del bisabuelo Bernardino, una estufa de petróleo, unas maneas para sujetar las patas de los caballos ... (ver texto completo)
Usar sitios recónditos para leer a escondidas, a veces llevaba aparejado algún hallazgo que irremediablemente conducía al fisgoneo o provocaba enterarse de cosas que hablaban otros, no conscientes de mi presencia. Leyendo subido en el peral mientras transcurría debajo la tertulia familiar, no me dejaba otra opción que enterarme de lo que se hablaba unos metros debajo de mí, aunque no recuerdo haber conocido ningún secreto familiar pues en mi familia todos eran muy discretos y si había habido alguna ... (ver texto completo)
Publicado el 1 de noviembre de 2013 por Emilio G. de la Calzada

Si no era verano, cuando oscurecía en Vegarienza había que estar recogido al calor de la cocina de leña para cenar y rezar el Rosario. Cuando el abuelo no estaba por contar alguna historia, el tiempo que iba desde los rezos hasta la hora de ir a la cama había que llenarlo con la lectura de cualquier cosa que tuviéramos a mano, que no solía ser mucho. A los ocho o nueve años me dejé los ojos, por la escasa luz de la bombilla o del ... (ver texto completo)
Hoy me ha dado un ataque y no voy a desaprovecharlo, asi que me lio directamente tambien con la cocina.........
Antonio no me seas tan cómodo,.... hay que venir aquí a Cirujales a comer los frisuelos y los borrachines, yo bastante hago que los preparo,..... ya veo que sois muy ---caguicas--teneis miedo al frio....
Pues allá vosotros, os lo perdeis, igual le digo a M Victoria y a Orlando, el que no se remanga no se le vé el culo....
Toma nota Adela que eres capad de decir que no he venido....
Conocí a Genaro cuando yo tenía siete u ocho años pues solía juntarse con mis tíos y le recuerdo participando en el acecho al lobo en la cocina vieja de casa de mis abuelos (ver El lobo) junto con mi tío Pepe y el primo Julio. Creo que allí, al hilo del miedo enfermizo al lobo, cuando Genaro me dejaba mirar al mismo tiempo que él por el ventanuco que enfilaba los rastros de sangre dejado por las vísceras que servían de señuelo y que habían manchado de rojo la nieve de la cuesta, fué cuando se fraguó ... (ver texto completo)
En Vegarienza, como en toda la comarca, el sexo era un asunto tabú que solo estaba permitido si había sido sacramentado y estaba circunscrito a la intimidad de la alcoba y a la procreación. Todo ello en una sociedad ganadera donde el sexo animal se manifestaba de forma exuberante, como parte esencial para la renovación de la cabaña y casi única fuente de ingresos para la economía familiar por la venta de las crías. Desde pequeños presenciábamos actos de apareamiento a menudo e incluso debíamos estar ... (ver texto completo)
Publicado el 15 de diciembre de 2013 por Emilio G. de la Calzada

BiciPecaminosa

De todos los que pescábamos truchas con ferpón (tridente) en Vegarienza, Genaro el del herrero era el único que no necesitaba robar tenedores en la cocina de casa para construir tal herramienta. Desde pequeño había ayudado a su padre en la fragua y conocía todos los secretos de la forja, por lo que se había fabricado un ferpón de hierro con tres dientes estriados que dificultaban que la trucha ensartada se soltase ... (ver texto completo)
Cuando se empieza a echarle la culpa a la gravedad, estaba claro que no tardaría en sucumbir a la tentación de dejarme ayudar un poco para vencer aquella cuesta y pronto empecé a preguntarme si tendría valor para agarrarme a algún saliente de la caja de un camión y si sería capaz de controlar con la otra mano la trayectoria de la bicicleta que saltaría entre las piedras sueltas que abundaban en los bordes de aquella carretera sin asfaltar y tan estrecha que a duras penas cabía el camión. Me atreví ... (ver texto completo)
Publicado el 29 de diciembre de 2013 por Emilio G. de la Calzada

Placa en Murias de Paredes conminando a los conductores a poner sus vehículos a la velocidad de los viandantes.

Cada vez que me veo obligado a parar el coche en el arcén de una autovía, el turbonazo de aire que desplazan los coches a gran velocidad me recuerda que me estoy jugando la vida. Esa misma velocidad que no se percibe si vas al volante, cuando eres un viandante te parece desproporcionada, poco humana, y pone en evidencia ... (ver texto completo)
Buenos dias. No se que me dá al ver las fotos, unos ya fallecidos (Serafina y Elena) los que ahí eran niños, ya se han jubilado, en fin que --hoy personas,.... mañana fotografias....
Como en casi todo, había una excepción. Probablemente el árbol más inútil de todo el pueblo era el pino solitario de la plazuela de casa de mis abuelos, con un encaño en una rama que el viento o la nieve habían desgajado parcialmente y que le daba cierto aspecto de inválido. No era piñonero y nunca intenté treparlo pues su corteza era áspera y pringosa de resina. Era tan singular como el acebo de hojas espinosas que había en la iglesia de Vegarienza. Y muy suyo. Cuando los robles y demás árboles ... (ver texto completo)