La pasión que siento por ti
El frescor de la mañana juguetea con la punta de mi nariz, y así, llena de frescura e ilusión, amanece de nuevo la sonrisa tantas veces reflejada en la mirada de los otros, y, de vez en cuando, en el reflejo fugaz del espejo…
Amanece de nuevo, y en mi corazón, en mis pupilas, en los poros de mi piel, en el fondo de mis pulmones, estás tú y el suave susurro de tus palabras cariñosas en mi oído…
Mmm… si fuera un gato, ronronearía,…
Entre las sábanas que envolvieron mi cuerpo tranquilo, todavía merodeo sintiendo el sabor de cada una de tus caricias, y el aroma de tu perfume, que, en ocasiones huele a limpio, a nubes, a tierra mojada, al calor de una hoguera…
Sigo con los ojos cerrados y sonrío… hoy es un día…
Y te quiero regalar cada uno de mis sueños, de mis recuerdos y esperanzas, y… ¿sabes por qué? Porque te quiero…
Quiero cada momento que compartimos juntos, cada detalle con el que me sorprendes, cada laguna de alegría que compartimos, cada brisa que revolotea entre mis cabellos…
Y te quiero dedicar el beso que se da con los labios, y el que se da con el alma, ése que el tiempo no borra, ni el olvido, ni la tristeza, ni la distancia…
Te quiero, y cada vez que veo una estrella iluminando mis deseos pienso en ti y en nuestras noches estrelladas, y pienso en los anocheceres que la luna contempla dulcemente sonriente…
El amor… mientras se escucha el crepitar de las aulagas cuando se prende la lumbre… mientras los grillos cantan sus serentas nocturnas, mientras las heladas cuajan el frío y lo transforman en solidez…
Siempre el amor.
El amor que compartimos tú y yo es algo que sólo tú y yo entendemos, algo que sólo tú y yo compartimos, y… ¿sabes qué?
Podré mirar a muchos otros, podré admirar otras estrellas y contemplar otros anocheceres, pero ninguno como los tuyos, ninguno como tú y yo, ninguno como nuestro amor… León.
El frescor de la mañana juguetea con la punta de mi nariz, y así, llena de frescura e ilusión, amanece de nuevo la sonrisa tantas veces reflejada en la mirada de los otros, y, de vez en cuando, en el reflejo fugaz del espejo…
Amanece de nuevo, y en mi corazón, en mis pupilas, en los poros de mi piel, en el fondo de mis pulmones, estás tú y el suave susurro de tus palabras cariñosas en mi oído…
Mmm… si fuera un gato, ronronearía,…
Entre las sábanas que envolvieron mi cuerpo tranquilo, todavía merodeo sintiendo el sabor de cada una de tus caricias, y el aroma de tu perfume, que, en ocasiones huele a limpio, a nubes, a tierra mojada, al calor de una hoguera…
Sigo con los ojos cerrados y sonrío… hoy es un día…
Y te quiero regalar cada uno de mis sueños, de mis recuerdos y esperanzas, y… ¿sabes por qué? Porque te quiero…
Quiero cada momento que compartimos juntos, cada detalle con el que me sorprendes, cada laguna de alegría que compartimos, cada brisa que revolotea entre mis cabellos…
Y te quiero dedicar el beso que se da con los labios, y el que se da con el alma, ése que el tiempo no borra, ni el olvido, ni la tristeza, ni la distancia…
Te quiero, y cada vez que veo una estrella iluminando mis deseos pienso en ti y en nuestras noches estrelladas, y pienso en los anocheceres que la luna contempla dulcemente sonriente…
El amor… mientras se escucha el crepitar de las aulagas cuando se prende la lumbre… mientras los grillos cantan sus serentas nocturnas, mientras las heladas cuajan el frío y lo transforman en solidez…
Siempre el amor.
El amor que compartimos tú y yo es algo que sólo tú y yo entendemos, algo que sólo tú y yo compartimos, y… ¿sabes qué?
Podré mirar a muchos otros, podré admirar otras estrellas y contemplar otros anocheceres, pero ninguno como los tuyos, ninguno como tú y yo, ninguno como nuestro amor… León.