Cuenta la leyenda que unas peregrinas, al acogerse en el albergue del monasterio, sedujeron a otros tantos monjes del cenobio de San Martín. El abad Guillermo (San Guillermo es el santo de la zona de Peñacorada) vigiló las salidas de los monjes y confirmó la sospecha de los escarceos amorosos entre los monjes y las peregrinas. Como castigo de su pecado, convirtió a las peregrinas en sirenas del río Tuéjar, que cantan en la noche de San Juan y obligó a los monjes, como penitencia y castigo, a edificar ... (ver texto completo)
