Todavía me acuerdo, papá, de aquellas mañanas
en que sentía tu beso en mi frente, tus manos alisando mi cabello,
arreglando los cobertores y después saliendo de mi cuarto de puntillas.
Yo fingía que estaba durmiendo, papá.
Como me gustaba escuchar tus pasos llegando cerca
de mi cama, sentir como tus ojos me veían con tanto amor
(casi con devoción).
Me adormecía dulcemente, soñaba con ángeles vestidos
... (ver texto completo)