Aquí, en estas riberas, donde atisbé la luz
por vez primera, dejo también el corazón.
No pasará otra onda rumorosa del
río,
no quedará este chopo envuelto en fuego verde,
no cantará otra vez el pájaro en su rama,
sin que deje en el aire todo el amor que siento.
Aquí, en estas riberas que llevan hasta el llano
la
nieve de las cumbres, planto sueños hermosos.
Aquí también las
piedras relucen: piedras mínimas,
miniadas piedras verdes que corroe el arroyo.
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