SONETOS (Garcilaso de la Vega)
A Dafne ya los brazos le crecían, y en luengos ramos vueltos se mostraban; en verdes hojas vi que se tornaban los cabellos que al oro oscurecían.
De áspera corteza se cubrían los tiernos miembros, que aún bullendo estaban; los blancos pies en tierra se hincaban y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerza de llorar, crecer hacía
Este
árbol que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño!
Que con llorarla crezca cada
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