Amiga Caperucita:
Piensas muy bien, pero no abras demasiado las ventanas porque los lobos de asfalto suelen ser buenos escaladores. Nosotros, los humildes, los de bosque, vamos de buena fe; pasamos, como muy bien dices, frío, mucho frío; tu lobo también, aunque él anda con una buena bufanda seguramente tejida por ti. Con este tiempo no se la quita. Ahora se dedica a desfacer entuertos junto a Lobi, ¿recuerdas...? aquel que salvó a Benito en la noche más triste que pasar se puede del envite de otros
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¡Manolo! ¡Qué alegría! Ya te echaba en falta, no creas. Pensaba darte un toque virtual, pero temía molestarte pensando que estarías muy ocupado con tu lobita. No temas por mí, Manolo, los lobos de asfalto los conozco muy bien y sé librarme de ellos. A estas alturas del cuento, ya sé lo que quiero, pasear tranquila por el bosque y tener algún encuentro con mi lobo, aunque sea de tarde en tarde... pero... eso sí, sin cazadores ni leñadores estropeaplanes en muchas millas a la redonda.
Gracias por tu copla y por tu ofrecimiento, aunque... estoy segura de que mi lobo me quiere, no tanto como yo a él, pero me quiere.
Y ahora, una confidencia, para que veas que te considero un amigo. Yo, Manolo, no necesito que me quieran, necesito... querer yo.
Saludos para ti, para Timoteo y para toda la manada.
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