Peña valdevés, qué memoria fotográfica, no se te escapa nada, tus descripciones me ponen el vello de punta, no sabes cómo te comprendo y ya te mando el abrazo más entrañable. Aquí lo que dice el bolero no se cumple: la distancia no ha sido el olvido, pareces el dios que todo lo tuviera presente. A pesar de que han pasado tantos años que te fuiste y que has vuelto poco ¡qué vivos los recuerdos! ¡sigue deleitándonos! A propósito de caballos ¿recuerdas cuando me rompí el brazo con la caída de aquel
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Las raíces,
amigo, las raíces. A la madre y al
pueblo es imposible renunciar. La verdada sea dicha es que no me recordaba de casi nada, pero al encontrarme con vosotros todo ha sido un recordar. El cancillón ha tenido la culpa.
Me recuerdo perfectamente de tu brazo escayolado, creo que fue por la Reguera. Aquel
caballo era altísimo, tenía unas patas jirafianas.
Al Anónimo lo has tratado en su justa medida con el quintal, yo fui a saco, como dicen ahora los jóvenes, y le hablé de tonelada,
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