A la salida de Misa, algunos como mis abuelos se dirigían a casa con el regusto de lo vivido en la iglesia e iniciar los preparativos de la comida, mientras los menos piadosos o más mundanos nos dirigíamos hasta casa Selima para disfrutar de unos caramelos, del vermut, de la partida de bolos o simplemente de la charla. También se acercaba por allí don Abundio que gustaba de alternar con la grey e intentar repescar a algún tibio o reticente a vivir más piamente entre los que se habían quedado en la ... (ver texto completo)