MANZANEDA DE OMAÑA: La tierra medita y sueña...

La tierra medita y sueña
con historias de grandeza:
un pasado, una memoria,
le vienen a la cabeza.
Desde la época antigua,
Omaña tiene su historia,
muchos siglos han pasado,
que el paisaje rememora.
Sabemos que antiguos bosques
aquí yacen sepultados
por fósiles encontrados
en el valle de Samario.
También del megalitismo
Omaña muestra sus huellas,
en tierras de Carrizal
el Canto Fincao queda.

Canto Fincao (Carrizal de Luna)

Los celtas dejaron castros
y los romanos sus minas,
vestigios de sus culturas
por sus montes se adivinan.
Se ven fosos, se ven miédolas,
carraliegos para el oro,
cuevas en nuestras montañas,
donde buscaban tesoros.
Leyendas de moras lindas,
leyendas de pan dorado,
lagos que tragan doncellas
y otras tales se han contado.
Otras historias pasadas
tendremos que recordar:
la leyenda de don Ares
y el castillo de Benal.
El recuerdo de don Tello,
en Trascastro aún se ve,
ruinas quedan del castillo
que derribó Pedro el Cruel.
Un pícaro montañés
también conoce la fama,
David Rubio lo creó:
es Peralvillo de Omaña.
Para describir la tierra,
paisaje que es arte y vida,
ya don Florentino dijo
que aquí “los montes suspiran”.

Aunque antaño se adoraba
al ídolo de Rodicol,
tierra es de santos y vírgenes,
romería y religión.
Un camino de Santiago
el rey Ramiro trazaba
y de ello quedan ermitas
a Santiago levantadas.
Apariciones marianas
se prodigan por doquier:
de la Seita, de la Casa,
y en Pandorado también.
Y cada quince de agosto
ya Campodiós nos reclama,
y lucimos los pendones,
allí y en Peñafurada.
Y cada ocho de septiembre,
y también el día de Pascua,
cita es en La Garandilla,
en la catedral de Omaña.

Mantenemos las costumbres
y ondeamos el pendón,
que pendones y concejos
son las señas de León.
Nuestros pueblos omañeses
en invierno se despueblan,
pero cuando llega el verano,
ya su vida se renueva.
Si no conoces Omaña
aprovecha la ocasión,
omañeses y omañesas
te esperan con ilusión.
Sus senderos y caminos,
sus lugares y sus pueblos,
reciben al forastero
con deseos de acogerlo.
Y si pasas por aquí
no te vayas sin probar
el chorizo y la cecina
que mucho te prestarán.
No rechaces tampoco
el llosco con los cachelos,
ni un buen cocido omañés,
ni de postre los frisuelos.
Aquí terminan las coplas
que no pueden describir
las bellezas de esta tierra
que aquí puedes descubrir.
Para conocer su encanto,
encontrarás ocasión,
piérdete por estos lares,
ven a Omaña, que es León.

Paladín, agosto de 2012

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