MANZANEDA DE OMAÑA: La gran mayoría de publicaciones, escritas o audiovisuales,...

La gran mayoría de publicaciones, escritas o audiovisuales, acostumbran a comenzar la historia de las peregrinaciones jacobeas a mediados del siglo XII con la referencia a la que se conoce como primera guía del Camino de Santiago: el Códice Calixtino atribuido a Aimeric Picaud. Pero para entonces ya habían transcurridos tres siglos en los que peregrinos de toda Europa por mar hasta los puertos del Cantábrico o por tierra (a pie, a caballo o en carretas) cruzando los pasos del Pirineo, llegaban al suelo hispánico con la intención de visitar Compostela (ad limina Sancti Jacobi).

Todo comenzó a principios del siglo IX con el “descubrimiento” de la tumba del Apóstol, noticia anunciada al mundo cristiano por el Papa León III con la carta Noscat Fraternitas Vestra. Parece ser que la primera peregrinación oficial fue presidida por el rey de Asturias Alfonso II el Casto que desde Oviedo el año 829 fue a visitar “el Campo de la Estrella” donde mandó construir la primera ermita: quedaba así inaugurado el “Primitivo Camino de Santiago”.
Inmediatamente comienzan a llegar peregrinos de todas las partes de Europa. En el siglo X el abad Fulberto de Chartres ya relata entusiasmado que a Santiago llegan peregrinos de todas las naciones. Estos primeros romeros hacen su ruta (iter Sancti Jacobi) siguiendo las vías romanas y los viejos caminos que surcaban las tierras del norte. Tres eran fundamentalmente las posibilidades que se les ofrecían para poder cumplir su promesa: seguir la costa cantábrica, utilizar los caminos que comunicaban los valles de las estribaciones de la cara sur de la Cordillera Cantábrica, o aprovechar las primeras planicies de la Meseta Castellana.
La ruta de la costa era complicada: tenían que vadear las continuas rías, salvar zonas pantanosas, cruzar ríos torrenciales faltos en muchas ocasiones de puentes o con construcciones de alto riesgo. Los caminos de la meseta, si bien eran más fáciles de recorrer por ser llanos, implicaban muchos riesgos por atravesar tierras ocupadas por los musulmanes, o “tierras de nadie” o fronterizas. Es lo que se conoce como Terror Sarraceno. A estos considerandos se ha de añadir el factor climático: la franja costera se ve castigada frecuentemente por las lluvias y en las tierras de Castilla los calores del verano son sofocantes.

Sólo quedaba como opción más aconsejable, una vez franqueados los “pasos altos” de la cordillera pirenaica o cantábrica, utilizar, aprovechando en gran parte las vías romanas, el trazado de la baja montaña que, aunque sinuoso y de dificultad media, era más seguro Así nació el “Viejo Camino de Santiago” (EL VIEJO CAMINO DE SANTIAGO. José Fernández Arenas. Ediciones Vadinienses. 2006) o “Camino de la Montaña”. Como referencia de este Camino tenemos la CARTA DE GUNDISALVO A FROILANO del año 1002 que habla de un viejo camino a Santiago que pasa por las Omañas y desciende hasta llegar a Cacabelos: “Por Fasgar fuimos al paso alto entre dos montañas, donde rezamos a Santiago en su ermita, que allí hicieron para agradecerle haber vencido a los moros. Bajamos por las Colinas del Moro y sus lomas rojas, hasta la cruz alta donde todos los peregrinos dejaron un canto como recuerdo.” (Vexu kamin: viejos caminos de peregrinación. (Julián González Prieto. Ed. Monte Casino 2004)

A lo largo de este camino florecieron las órdenes monásticas que huían de Al-Andalus: el Valle de Mena llegó a contar con dieciséis monasterios, en Las Merindades existieron aposentos monacales, (San Ginés de Loma de Montija) donde daban a los peregrinos un guiso llamado patatas calderonas, quedándose los lugareños con el sobrenombre de calderones, Pedro Alba relaciona al menos diez monasterios en la Montaña de Boñar (Historia de la montaña de Boñar: 1864. P. Alba), la mayoría de ellos ya referenciados en el llamado Concilio de Boñar (año 929)…En el tramo del Bierzo también existió gran cantidad de monasterios, un rosario de ermitas (en el Santuario de la Virgen de la Peña se podía ganar el jubileo), contaba con un hospital de peregrinos entre Cobrana y Congosto, y en las cercanías de Quintana de Fuseros figuraba el símbolo y divisa de este viejo Camino: “La Cruz Cercenada” (también denominada “Cruz Alta”) que, colocada sobre un cúmulo de piedras señalizaba un importante cruce de caminos (el camino astur - Monte de Mercurio romano- y el que provenía de Igüeña). La Cruz de Fierro, erigida a orillas de la nueva ruta (Camino Francés), no es sino copia equivalente de La Cruz Cercenada…

A la vera de estas calzadas se edificaron cientos de iglesias y ermitas románicas, algunas de gran belleza, en cuyas piedras ha quedado esculpida una rica iconografía jacobea, y permanecen habitadas por cuentos y leyendas memorables. Se erigieron cruceros como hitos en el camino o marcas de límites territoriales. Se construyeron puentes de piedra para poder cruzar los múltiples ríos que discurren por los valles de la montaña vasca, cántabra, burgalesa, palentina y leonesa. Se levantaron hospitales para acoger y curar a los peregrinos.
También aquí aparecieron topónimos y cuajaron nombres “jacobeos” que podemos encontrar en otros caminos: la puerta del perdón (o de los peregrinos), la fuente de los peregrinos (o del romero), el hospital, calle Santiago, el puente del romero, la puerta de Galicia, etc.
Asimismo quedaron en sus iglesias y ermitas advocaciones tan jacobeas como San Martín de Tours (patrón de los peregrinos), Nuestra Señora de la Guía, San Roque, La Magdalena, San Severino. Y como es natural nos encontramos con infinidad de templos dedicados a Santiago: unas veces Peregrino y otras “Matamoros”.

Pero una vez reconquistadas establemente las tierras de la meseta norte, a finales del siglo XI los reyes de Navarra Sancho el Fuerte y de Castilla y León, Alfonso VI desviaron la ruta más al sur por su menor dificultad y por razones de utilidad comercial. A partir de aquí comienza la superioridad del “Camino Francés”, superioridad que en la época moderna llegó casi a la exclusividad de “marca única”. Afortunadamente hoy en día se están recuperando las otras rutas, que sin ánimo de competitividad entre sí ni de enfrentamiento contra nadie sólo quieren contribuir a enriquecer este Patrimonio de la Humanidad que es “El Camino de Santiago”.
En el trabajo de recuperación de esta ruta, seguramente la más antigua si exceptuamos el “Camino Primitivo”, ha tenido un papel fundamental el Profesor José Fernández Arenas. Su libro “El Viejo Camino de Santiago” ha supuesto la base de los trabajos de “restauración”, dura tarea en la que está empeñada, con esfuerzo y compromiso, la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Vizcaya, entidad que busca la colaboración y complicidad de asociaciones y personas de las localidades del recorrido