MANZANEDA DE OMAÑA: Llegamos al fondo del valle y cruzamos un regato al...

Llegamos al fondo del valle y cruzamos un regato al que llaman río Negro. La sequía hacía que tuviera muy poca agua. Subimos por la ladera de frente. El camino es bueno y está bien marcado, aunque no hay ningún indicador de la ruta. Costó un poco coger altura. A medida que subíamos todo iba siendo más y más agradable. Comenzamos a ver los pueblos de la margen izquierda del río Negro y una vez a la altura adecuada el camino va paralelo al arroyo entre robles de buen tamaño. Tanta es la abundancia de robles que el suelo del camino parece el de un hayedo, lleno y lleno de hojas. Esta es la parte más bonita de la ruta. No tiene casi desnivel y se va siempre entre vegetación, aunque en esta ocasión, como es invierno, los robles no tuviera hojas.

Los tres perros nos seguían acompañando, el propio y los“arrimaos”. Llegó el momento de comer y un recodo soleado del camino nos sirvió para esta agradable actividad. La conversación como siempre, que si el meriñaque de Ofelia, que si Loli quería sólo medio plátano de Santi, que Jose ofrecía su chorizo también a Ofelia. Que Tere tenía buenos mejillones. Bueno, hasta los perros adoptados se apuntaban a la merienda intentando coger algún bocadillo despistado. Una sola lata de cerveza fue el objeto de deseo de todo el grupo, casi todos probaron, el próximo día es mejor más cerveza y menos agua, que dicen que la cerveza es buena para “no sé que”.

El camino continuó siendo agradable, se acabó el monte de robles y comenzó un paseo casi a la orilla del Omaña, que era realmente bonito. Por fin llegamos a la carretera. Pasamos otra vez el río y por el asfalto, unos quinientos metros después estábamos ya en Trascastro junto a los coches.
Llenamos las botellas de agua en la “hornacina” de la iglesia de Trascastro, que no era una hornacina, sino un simple grifo con un agua heladora. Loli y Javier subieron al campanario para ver el ambiente y ¡ale! Que nos vamos de carnavales.

Pasamos a saludar a Manolo y Rosi a San Román de los Caballeros. Abarrotamos su acogedora cocina. Un café calentito para todos, orujo de diferentes colores, orejas, floretas, torrijas…vimos los terneros, y todos de excursión a Llamas de la Ribera.

Allí pudimos disfrutar de los carnavales. Son tradicionales, coloristas y divertidos para el visitante. Los guirrios pasearon delante de nosotros. El arzobispo nos dio unas bendiciones. No nos quisieron vender sardinas por no regatear. Tomamos unos "culines" de sidra. Un demonio con un gran paquete tentaba a nuestras chicas, que por cierto, no hacían ascos.

Todo era colorido y luminosidad, aunque también había disfraces un tanto tenebrosos. Teníamos un poco de prisa y a las seis de la tarde volvimos para León. Otra buena ruta que sumar a las anteriores.

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