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Ver como la gente te aplaudía y lloraba me puso los pelos de punta
Los mineros, a su paso por el túnel de Guadarrama. MAURICIO PEÑA
Antes de relatar este increíble día me quería dirigir a nuestro compañero Ricardo Quirós que se encuentra en Canarias y que ha sido minero como nosotros. Desde aquí le pido disculpas si en nuestro periódico he ofendido al pueblo canario cuando me he referido al torpe ministro que tenemos. No os deis por aludidos porque los mineros no tenemos nada en contra de esas maravillosas isla. Lo siento compañero.
Y después de esta introducción, no tengo palabras para explicar lo que hemos vivido hoy. Creo que somos importantes. Hemos cortado el túnel de Guadarrama. Han sido casi cuatro kilómetros para nosotros y la verdad, nada más ver la luz de nuevo ha sido increíble. Nos esperaba muchísima gente, no se decir cuanta, pero entre aplausos y lágrimas que nos han regalado se nos han puesto los pelos de punta. Ha sido una sensación única.
Me quedo con una anécdota. Cuando llegamos al pabellón una anciana salía con la compra y nos preguntó qué quiénes éramos. Le dije que mineros. Nos dijo qué que hacíamos allí. Y le contesté que veníamos a Madrid a despertar a España que la estaban tumbando para que no se levante. Se puso a llorar y nos aplaudió.
Estamos en Madrid. No queda nada. Soria, mira a ver si despiertas que llegamos.
Ver como la gente te aplaudía y lloraba me puso los pelos de punta
Los mineros, a su paso por el túnel de Guadarrama. MAURICIO PEÑA
Antes de relatar este increíble día me quería dirigir a nuestro compañero Ricardo Quirós que se encuentra en Canarias y que ha sido minero como nosotros. Desde aquí le pido disculpas si en nuestro periódico he ofendido al pueblo canario cuando me he referido al torpe ministro que tenemos. No os deis por aludidos porque los mineros no tenemos nada en contra de esas maravillosas isla. Lo siento compañero.
Y después de esta introducción, no tengo palabras para explicar lo que hemos vivido hoy. Creo que somos importantes. Hemos cortado el túnel de Guadarrama. Han sido casi cuatro kilómetros para nosotros y la verdad, nada más ver la luz de nuevo ha sido increíble. Nos esperaba muchísima gente, no se decir cuanta, pero entre aplausos y lágrimas que nos han regalado se nos han puesto los pelos de punta. Ha sido una sensación única.
Me quedo con una anécdota. Cuando llegamos al pabellón una anciana salía con la compra y nos preguntó qué quiénes éramos. Le dije que mineros. Nos dijo qué que hacíamos allí. Y le contesté que veníamos a Madrid a despertar a España que la estaban tumbando para que no se levante. Se puso a llorar y nos aplaudió.
Estamos en Madrid. No queda nada. Soria, mira a ver si despiertas que llegamos.