MANZANEDA DE OMAÑA: viernes, 6 de julio de 2012...

viernes, 6 de julio de 2012
Salce (I), donde todos los santos ayudaban

... donde todos los santos ayudaban cuando las cosas rodaban cuesta abajo.
Porque hubo un tiempo en que Salce era rico y tenía el amparo de muchos, de todos los santos. Hoy, como ocurre en Omaña entera, las cosas van cuesta arriba
y hasta los santos y los ángeles necesitan alguna subvención pública.
Alrededor de esta Virgen del Carmen con la corona extrañamente ladeada, los ángeles músicos no parece que estén para celebraciones. Uno ya se ve caído en la peana, a la izquierda, tumbado a la bartola, parece que sin instrumento. No corren buenos tiempos. Pero de esto ya trataremos en el siguiente capítulo.
El caso es que anteayer volvimos a Salce para subir a los Puertos Pirenaicos.
La cita, en El Castillo, fue temprano, cuando las cigüeñas recién desperezadas pasaban la revista diaria a la fortaleza de Benal, a estos muros que quisieron preservar la leyenda de la Omaña insumergible pero no resistieron el ariete del abandono.

En Salce pelea por resistir, por mantenerse en pie,
el más bello campanario de Omaña.

En Salze, el lugar que sucedió a los castros de El Cuerno y la Corona, un tal Flagino vendió al presbítero Melic un monte y una tierra en el año 949. Buena compra, supongo, porque Salce ya era uno de los pueblos más ricos de Omaña y lo sería durante muchos siglos. Lo era a mediados del XVIII, a pesar del esquilmo perpetrado por el Conde de Luna. El dominio de Salce ocupaba de oriente a poniente cinco quartos de legua, del norte al mediodía tres y de circunferencia quatro leguas, poco más. Los vecinos lo describían como término peñascoso y tierra quebrada, con labradores que recogen centeno y yerba y no otros productos. En las respuestas al cuestionario de Ensenada, empezaban afirmando que el común arrendaba parte del territorio para agostadero de ganados merinos, pero no podían concretar cual era el rendimiento de estos montes por lo escabroso y poco fructífero de la mayor parte de ellos y aclaraban que, para ejecutar el arriendo, providenciaban más o menos las cabezas de merinas que pudieran mantener durante los tres meses de cada verano, ajustaban una cantidad con el ganadero y, del beneficio resultante, calculaban lo que corresponde a prorrata de la cantidad en que se ajusta y paga el ganadero al común.

El más importante de los caminos que suben a los montes de Salce es el que pasa
a la cuenca del Luna por el collado de Campolamoso, a cuatro kilómetros de
distancia desde el pueblo y a 1.550 m de altitud.
Campolamoso (de lama -ae) significa campo encharcado. Aquí mismo, el camino empieza a descender hacia el valle del Luna por términos de Abelgas, pero un ramal que vira al oeste continúa subiendo en busca del Puerto del Laguillín.