MANZANEDA DE OMAÑA: LA OMAÑA – TRADICIONES Y LEYENDAS...

LA OMAÑA – TRADICIONES Y LEYENDAS

Esta comarca se encuentra bajo la constante amenaza de la emigración de su población hacia el mundo urbano. Este hecho ha propiciado que numerosos pueblos hayan sido casi abandonados en su totalidad, quedando, en los mejores casos, escasos vecinos. Esta amenaza supone hacer caer en el olvido la rica cultura tradicional omañesa, que pronto podría desaparecer si no se evita a través de su estudio, recopilación y difusión. Uno de estos aspectos culturales que podría verse exterminado es el referido a las fiestas. La fiesta es una de las formas de manifestación de la cultura tradicional más efectiva. Por eso, su conocimiento y su conservación son fundamentales para mantener vivo el rico legado cultural de la tradición en La Omaña.

La principal fiesta profana por excelencia es el Carnaval, celebrado en toda la provincia, y del que no iban a faltar los pueblos de La Omaña. En estos parajes se celebra el Carnaval de forma tan peculiar, que se ha convertido en una de las formas de celebración más singular de la provincia leonesa. Es la llamada Zafarronada de La Omaña. Consiste en una representación en la que existe una figura central, el Zafarrón. Este personaje se viste con pieles de cordero, cencerros y una careta negra de piel de cabrito que cubre su rostro. Es una imagen que encuentra un claro paralelismo con los “guirrios” tan peculiares del Páramo leonés, en especial de Llamas de la Ribera. Este personaje recorre las calles de los pueblos de La Omaña, acompañado por otros como el ciego, la ciega, las gitanas, el torero y el toro. Una vez que han transitado por las calles omañesas, al llegar la noche, se reúnen en Riello. Allí, celebran la típica corrida de toros, mientras que arrojan cenizas a los asistentes. La fiesta culmina con una gran hoguera en la que participa todo el público.

Hay otros festejos cuya explicación se encuentra en algún hecho histórico, muchas veces teñido de leyenda, que pretende ser recordado a través de las distintas celebraciones que comprende. En La Omaña se conmemora un importante hecho de este tipo, como es la representación de la leyenda de Don Ares de Omaña. El último acto de esta representación consiste en una gran cena comunal a la que puede asistir todo el público. Se celebra en la torre de Ordás, intentando recordar las cenas medievales. Este sería el último cuadro de la leyenda motivo de tal festividad.

Las fiestas religiosas han tenido una gran raigambre en el acervo festivo de los pueblos omañeses. De esta manera, podemos hablar de un completo calendario festivo en relación con diferentes fechas con un marcado significado religioso. Desde las celebradas en torno a la Natividad de Jesús, hasta las centradas en torno a su Pasión durante la Semana Santa, pasando por todas aquellas en honor de los diferentes Santos y Vírgenes patrones de las diferentes localidades. Sin embargo, el interés cultural de muchas de estas fiestas se ha perdido a favor de aspectos puramente lúdicos, mientras que en otros casos, la emigración de los omañeses ha hecho que, poco a poco, se perdiesen y fuesen cayendo en el olvido. De esta forma, quizá la más destacada es la celebrada en Soto y Amio o en Serna, en relación con el Corpus.

Para festejar las fechas navideñas, aún en algunos pueblos de la comarca se realizan determinados actos que están impregnados de un fuerte sabor tradicional y de gran interés para el visitante. Empezando por los últimos días festivos, con motivo de la celebración de la noche de Reyes, en algunos pueblos se celebra un auto de Reyes Magos, que culmina con el encendido de numerosas hogueras a lo largo de los pueblos del valle de La Omaña. En Riello, antes de Navidad, todavía se conserva el “Sábado Castañero”, una de las costumbres más antiguas dentro del aspecto festivo de las celebradas en la comarca.

El principal evento religioso omañés del año viene determinado por la llamada romería de Pandorado. Esta romería se celebra el 15 de agosto de cada año y, por encima de su componente devoto, se ha convertido en el mayor exponente del completo folklore de La Omaña, en todas sus manifestaciones posibles. Su origen, como el de muchas otras, habría que buscarlo en la leyenda. Según ésta, hace siglos, durante un pertinaz periodo de sequía, los representantes de los concejos de Lomba decidieron hacer una rogativa a la Virgen. En ella, se pedía la intercesión divina para obtener que lloviese, comprometiéndose si esto sucedía, a acudir cada año a su santuario a dar las gracias a la Virgen. El milagro, según cuentan las tradiciones de nuevo, se produjo. El principal resultado de la lluvia fue que los campos de trigo se volvieron dorados, por lo que Virgen pasó a denominarse Virgen de Pandorado. La romería ha sido la justificación para la celebración de una auténtica fiesta de exaltación de la tradición y costumbre omañesa. Durante la misma, se pueden presenciar el concurso del mastín leones, como en otras zonas de la montaña leonesa, los bailes regionales, destacando el “baile chano”, y la procesión en la que participan, como hecho de mayor importancia, unos treinta pendones de los pueblos de La Omaña que acompañan la figura de la Virgen.

Sin embargo, podemos encontrar a lo largo de la geografía comarcal gran cantidad de romerías, aunque la más destacada y afamada sea la que acabamos de describir. Por poner un ejemplo, todos los 16 de agosto, se celebra una, aunque quizá con menos interés y expectación, ya que no reúne a tanto público y no es motivo para mostrar el mundo popular de La Omaña, en honor de San Roque, en Posada de Omaña, santo de cierta importancia, no sólo en los pueblos de la comarca omañesa, sino en las comarcas vecinas, ya que es uno de los principales patronos de Laciana.

Uno de los mercados que ha adquirido mayor relevancia en toda la comarca ha sido el de Riello. En cierta medida, La Omaña se ha visto afectada por un fuerte descenso de población, la emigración ha afectado con fiereza a todos sus pueblos, y esto se notó rápidamente en su actividad económica, que, tradicionalmente, se articula en torno a los mercados. De esta manera, el único mercado que aún mantiene una cierta vigencia en tierras omañesas es el ya citado de Riello, celebrado el primer miércoles de cada mes.