Cofradía de la Vera Cruz, Murias de Paredes-
La Cofradía de la "Vera Cruz" de Murias de Paredes tiene una historia ya larga. El libro más antiguo que se conserva comienza en el año 1800, haciendo referencia a uno anterior, con lo cual, si tenemos en cuenta, por comparación con libros de otras Cofradías existentes en los diversos pueblos de la zona (San Antonio, Virgen del Rosario, La Magdalena, Sta. Bárbara, Santísimo, Animas...), que cada libro suele abarcar unos 100 a 150 años, podemos afirmar con casi toda seguridad que la Cofradía se remonta fundacionalmente hacia el año 1700 ó algo menos. El párroco fundador de la misma sería uno de los que sigue, probablemente el último de ellos: Juan Muñiz, José de Rueda, Domingo Manilla o Bernardo García Sierra. Se cree que sea el último ya que es el que tiene una historia más dilatada al frente de la parroquia y al que se deben más iniciativas conocidas, entre las que parece estar la fundación o revitalización de la Cofradía de La Magdalena.
La Cofradía es inicialmente de difuntos, como lo es actualmente la del mismo nombre en Villabandín, provista de los siguientes fines:
Alumbrado del Santo Cristo.
Misas por los cofrades difuntos.
Misas de los viernes de cuaresma por los mismos.
Los actos, pues, propios de la Cofradía serían oracionales, teniendo como intención de los mismos el sufragio por los cofrades difuntos, incluyendo el rezo de responsos al final de las Misas, bien por el último cofrade fallecido, bien por aquellos a los que se les ofreció en los viernes de cuaresma antes citados.
La Junta Directiva conserva su misma estructura fundacional en lo que respecta a las responsabilidades, aunque los nombres de los cargos han cambiado con el transcurso del tiempo.
El máximo responsable de la Cofradía fue llamado inicialmente abad, siendo siempre el párroco de Murias de Paredes; actualmente se denomina presidente.
El representante ordinario de la misma se llamó en un principio mayordomo y actualmente abad.
El administrador ha pasado de llamarse contandor a tesorero.
El actual secretario, encargado de las actas, convocatorias y seguimiento de los cofrades, era en un principio llamado fiscal. La Cofradía conoce distintos mandatos con el tiempo. El "presidencial" al ir unido al oficio parroquial, dura tanto como la permanencia del párroco en quela parroquia, es decir, desde unos meses hasta más de 30 años en algunos casos; conocemos el nombre de todos ellos, y aparte de los citados anteriormente, señalamos: José M. Valcarce (más de 45 años), Eduardo García, Gregorio García, Juan Fernández (26 años), César Diez, Victoriano Berzosa, Pablo Suárez, Ovidio Alvarez, Fernando Quirós y otros. Lo mismo ocurre con el cargo de abad o mayordomo. En él destacan nombres como el de Julián Fernández (desde 1878 hasta 1906), Tomás Suárez, Manuel Alvarez, Jerónimo Díaz, Moisés García, Constantino Rubio, Publio Alvarez, Eduardo Alvarez, Higinio Sabugo, Senén Gutiérrez, (actualmente). Lo mismo sucede con los otros cargos de la Cofradía: nombres como Manuel Alvarez, Pedro García, Félix Fernández, Francisco Javier García, Antonio Tomé, Felipe Alvarez, Balbino García, Leopoldo Robla, Carlos Tomé, Antonio Rubio, Luis Gutiérrez, Felipe Robla, Fermín García López, se suceden en los cargos de tesorero y secretario. En la actualidad hay que señalar dos mujeres, Mercedes Bardón y M. Isabel Fernández. Con el paso del tiempo la Cofradía fue en declive hasta llegar prácticamente a desaparecer, limitándose tan a lo mínimo, que entre los años 1933 a 1956 no aparecen ni actas ni libro de cuentas (una página escasa en este último cubre todos esos años).
En el año 1958 es nombrado Párroco de Murias de Paredes y por tanto Presidente de la Cofradía, D. Victoriano Zapico García, que emprende una obra de restauración de la Cofradía sin precedentes hasta el momento. Posiblemente sin esta tarea hoy la Cofradía ya no existiría. Colaborará muy de cerca con D. Adolfo Robles, registrador de la propiedad, de origen granadino y que muestra singular interés por todo lo concerniente a la localidad.
Podemos decir con toda justicia, que este período supone una "refundación" de la Cofradía en cuanto fines y acciones. Se sigue manteniendo el rezo por los difuntos, pero el centro devocional se fija en Cristo Crucificado, nuestro Cristo de la Vera Cruz, el Redentor del mundo en el sacrificio pascual de la cruz, que alcanza a todos los hombres. La base de esta renovación la constituyen los Estatutos de la Cofradía, hechos en 1959 y en los que se detallan minuciosamente los actos de la misma, deberes y derechos de los Cofrades y de la Junta Directiva, que se renovará desde entonces cada 5 años por elección de los cofrades y ratificación del Presidente.
Se instituye la procesión del día de Viernes Santo, con el Santo Cristo, talla del siglo XVIII, al que se le dota de unas andas en 1965 (costarán 1.750 ptas) y con la Virgen de los Dolores, talla donada en 1966 a la que se compran unas andas en Granada, de donde procede también la imagen (cuestan 12.745 ptas); en ella los cofrades acompañan los pasos llevando al pecho la cruz de la Cofradía con cinta morada y buena parte de ellos con el traje de "papón" negro. Al final suele haber una tradicional sangría en la que participan todos, especialmente los que han prestado sus brazos para llevar los pasos y el coro que canta la procesión. Posteriormente, en 1968 se acuerda también hacer procesión por la Plaza con el Cristo el día de la fiesta de la Cofradía (14 de Septiembre) y comprar el actual estandarte, con el cual se acompañará el cadáver de los cofrades difuntos al cementerio. Asimismo, el Vía Crucis cantado en la mañana del Viernes Santo y varios años rezado por las calles de la localidad.
Señalar igualmente que los Estatutos de 1959 fueron reformados por la Junta Directiva y aprobados por el Sr. Obispo de León el día 1 de marzo de 1990, adecuándose así al vigente Derecho Canónigo.
También la Cofradía ha estado siempre muy ligada a la Parroquia, participando en las tareas y los gastos de la Iglesia. Así en la reforma de los años 60, colaboró pagando los altares laterales; posteriormente, en la compra de bancos para la iglesia y en la última reforma importante (1991), donando la casi totalidad de sus fondos.
En la actualidad la Cofradía cuenta con una vitalidad importante, algo más de 300 cofrades, que aumentan de año en año, y se realizan los actos antes mencionados que son los propios, y a los cuales hay que añadir una cena de hermandad el día de la fiesta, en la que se presentan las cuentas del año, que una vez aprobadas son firmadas por la Junta directiva, levantándose acta de la misma.
También va cobrando auge la procesión de la noche de Viernes Santo en la que salen los pasos anteriormente señalados (el Cristo y la Dolorosa como se les llama popularmente) que, a pesar de ser una procesión modesta, de "pueblo" si se compara con otras, va traspasando las fronteras del mismo y ganando participantes con el paso de los años, pero sin perder su carácter religioso, combinando silencio, canto y oración de una manera bastante ejemplar, en la que pedimos a Cristo, el Señor Crucificado y Resucitado, que nos bendiga y nos enseñe a vivir y morir como cristianos, y a la Madre de los Dolores que nos ayude en el seguimiento fiel de su Hijo Jesucristo.
La Cofradía de la "Vera Cruz" de Murias de Paredes tiene una historia ya larga. El libro más antiguo que se conserva comienza en el año 1800, haciendo referencia a uno anterior, con lo cual, si tenemos en cuenta, por comparación con libros de otras Cofradías existentes en los diversos pueblos de la zona (San Antonio, Virgen del Rosario, La Magdalena, Sta. Bárbara, Santísimo, Animas...), que cada libro suele abarcar unos 100 a 150 años, podemos afirmar con casi toda seguridad que la Cofradía se remonta fundacionalmente hacia el año 1700 ó algo menos. El párroco fundador de la misma sería uno de los que sigue, probablemente el último de ellos: Juan Muñiz, José de Rueda, Domingo Manilla o Bernardo García Sierra. Se cree que sea el último ya que es el que tiene una historia más dilatada al frente de la parroquia y al que se deben más iniciativas conocidas, entre las que parece estar la fundación o revitalización de la Cofradía de La Magdalena.
La Cofradía es inicialmente de difuntos, como lo es actualmente la del mismo nombre en Villabandín, provista de los siguientes fines:
Alumbrado del Santo Cristo.
Misas por los cofrades difuntos.
Misas de los viernes de cuaresma por los mismos.
Los actos, pues, propios de la Cofradía serían oracionales, teniendo como intención de los mismos el sufragio por los cofrades difuntos, incluyendo el rezo de responsos al final de las Misas, bien por el último cofrade fallecido, bien por aquellos a los que se les ofreció en los viernes de cuaresma antes citados.
La Junta Directiva conserva su misma estructura fundacional en lo que respecta a las responsabilidades, aunque los nombres de los cargos han cambiado con el transcurso del tiempo.
El máximo responsable de la Cofradía fue llamado inicialmente abad, siendo siempre el párroco de Murias de Paredes; actualmente se denomina presidente.
El representante ordinario de la misma se llamó en un principio mayordomo y actualmente abad.
El administrador ha pasado de llamarse contandor a tesorero.
El actual secretario, encargado de las actas, convocatorias y seguimiento de los cofrades, era en un principio llamado fiscal. La Cofradía conoce distintos mandatos con el tiempo. El "presidencial" al ir unido al oficio parroquial, dura tanto como la permanencia del párroco en quela parroquia, es decir, desde unos meses hasta más de 30 años en algunos casos; conocemos el nombre de todos ellos, y aparte de los citados anteriormente, señalamos: José M. Valcarce (más de 45 años), Eduardo García, Gregorio García, Juan Fernández (26 años), César Diez, Victoriano Berzosa, Pablo Suárez, Ovidio Alvarez, Fernando Quirós y otros. Lo mismo ocurre con el cargo de abad o mayordomo. En él destacan nombres como el de Julián Fernández (desde 1878 hasta 1906), Tomás Suárez, Manuel Alvarez, Jerónimo Díaz, Moisés García, Constantino Rubio, Publio Alvarez, Eduardo Alvarez, Higinio Sabugo, Senén Gutiérrez, (actualmente). Lo mismo sucede con los otros cargos de la Cofradía: nombres como Manuel Alvarez, Pedro García, Félix Fernández, Francisco Javier García, Antonio Tomé, Felipe Alvarez, Balbino García, Leopoldo Robla, Carlos Tomé, Antonio Rubio, Luis Gutiérrez, Felipe Robla, Fermín García López, se suceden en los cargos de tesorero y secretario. En la actualidad hay que señalar dos mujeres, Mercedes Bardón y M. Isabel Fernández. Con el paso del tiempo la Cofradía fue en declive hasta llegar prácticamente a desaparecer, limitándose tan a lo mínimo, que entre los años 1933 a 1956 no aparecen ni actas ni libro de cuentas (una página escasa en este último cubre todos esos años).
En el año 1958 es nombrado Párroco de Murias de Paredes y por tanto Presidente de la Cofradía, D. Victoriano Zapico García, que emprende una obra de restauración de la Cofradía sin precedentes hasta el momento. Posiblemente sin esta tarea hoy la Cofradía ya no existiría. Colaborará muy de cerca con D. Adolfo Robles, registrador de la propiedad, de origen granadino y que muestra singular interés por todo lo concerniente a la localidad.
Podemos decir con toda justicia, que este período supone una "refundación" de la Cofradía en cuanto fines y acciones. Se sigue manteniendo el rezo por los difuntos, pero el centro devocional se fija en Cristo Crucificado, nuestro Cristo de la Vera Cruz, el Redentor del mundo en el sacrificio pascual de la cruz, que alcanza a todos los hombres. La base de esta renovación la constituyen los Estatutos de la Cofradía, hechos en 1959 y en los que se detallan minuciosamente los actos de la misma, deberes y derechos de los Cofrades y de la Junta Directiva, que se renovará desde entonces cada 5 años por elección de los cofrades y ratificación del Presidente.
Se instituye la procesión del día de Viernes Santo, con el Santo Cristo, talla del siglo XVIII, al que se le dota de unas andas en 1965 (costarán 1.750 ptas) y con la Virgen de los Dolores, talla donada en 1966 a la que se compran unas andas en Granada, de donde procede también la imagen (cuestan 12.745 ptas); en ella los cofrades acompañan los pasos llevando al pecho la cruz de la Cofradía con cinta morada y buena parte de ellos con el traje de "papón" negro. Al final suele haber una tradicional sangría en la que participan todos, especialmente los que han prestado sus brazos para llevar los pasos y el coro que canta la procesión. Posteriormente, en 1968 se acuerda también hacer procesión por la Plaza con el Cristo el día de la fiesta de la Cofradía (14 de Septiembre) y comprar el actual estandarte, con el cual se acompañará el cadáver de los cofrades difuntos al cementerio. Asimismo, el Vía Crucis cantado en la mañana del Viernes Santo y varios años rezado por las calles de la localidad.
Señalar igualmente que los Estatutos de 1959 fueron reformados por la Junta Directiva y aprobados por el Sr. Obispo de León el día 1 de marzo de 1990, adecuándose así al vigente Derecho Canónigo.
También la Cofradía ha estado siempre muy ligada a la Parroquia, participando en las tareas y los gastos de la Iglesia. Así en la reforma de los años 60, colaboró pagando los altares laterales; posteriormente, en la compra de bancos para la iglesia y en la última reforma importante (1991), donando la casi totalidad de sus fondos.
En la actualidad la Cofradía cuenta con una vitalidad importante, algo más de 300 cofrades, que aumentan de año en año, y se realizan los actos antes mencionados que son los propios, y a los cuales hay que añadir una cena de hermandad el día de la fiesta, en la que se presentan las cuentas del año, que una vez aprobadas son firmadas por la Junta directiva, levantándose acta de la misma.
También va cobrando auge la procesión de la noche de Viernes Santo en la que salen los pasos anteriormente señalados (el Cristo y la Dolorosa como se les llama popularmente) que, a pesar de ser una procesión modesta, de "pueblo" si se compara con otras, va traspasando las fronteras del mismo y ganando participantes con el paso de los años, pero sin perder su carácter religioso, combinando silencio, canto y oración de una manera bastante ejemplar, en la que pedimos a Cristo, el Señor Crucificado y Resucitado, que nos bendiga y nos enseñe a vivir y morir como cristianos, y a la Madre de los Dolores que nos ayude en el seguimiento fiel de su Hijo Jesucristo.