LA VUELTA (de Gabriela)
Un día del mes de junio, en vísperas de la fiesta, del glorioso San Pelayo, patrono de aquella aldea, por el camino del valle, en una tarde serena, una mujer con un niño, llegaban a Manzaneda, dos bulliciosos rapaces, que regaban las praderas, se adelantaron corriendo, y dieron la voz de alerta, que estaban llegando al pueblo, dos personas forasteras, un rapacín y una moza, vestidos a la moderna, llego pronto la noticia, a los padres de Gabriela, y salieron a la calle, ambos con la misma idea, ¡oh si fuera nuestra hija!, se decían ¡Dios lo quiera!, y la avistaron muy pronto, y era su hija Gabriela, y entre sollozos y gritos, se abalanzaron a ella, y la abrazaron mil veces, con una alegría inmensa, mezclándose dulces lagrimas, de consuelo y de tristeza, corrió la voz por el pueblo, y todos fueron a verla, mostrándose complacidos, por tan alegre sorpresa, y hasta los mozos y mozas, se dieron cita secreta, para dar la bienvenida, a la antigua compañera, después hubo comentarios, y hubo preguntas discretas, y pronto se adivinaron, historias que no se cuentan.
El HUERFANO
..... Pero vivió pocos años, la tan famosa Gabriela, pues Dios le dio mejor vida, después de una vida austera, cuando recibió el viático, estando ya muy enferma, pidió perdón de sus faltas, y de todas sus flaquezas, haciendo derramar lagrimas, a toda la concurrencia, y murió muy resignada, llevando solo una pena, y ere dejar aquel niño, sin padre sobre la tierra. Gabrielito se llamaba, aquel hijo de Gabriela, muchacho bien parecido, y de gallarda presencia, murió pronto su abuelito, y se quedo con su abuela, quien le enseñó poco a poco, las labores de la aldea, los trabajos del terruño, y el pastoreo en la sierra, y aprendió a cuidar los campos, y a labrar las sementeras, y fue también pastorcito, y guardo cabras y ovejas, y anduvo de monte en monte, llevando el zurrón acuestas, y tomo sabrosa leche, con cuchara de madera, migas de pan de centeno, en la rustica cazuela, y canto bellas canciones, por los cerros y laderas, como cantan ahora, los pastores de mi tierra, tan satisfecha y alegre, se hallaba entonces la abuela, viendo el esmero del nieto, en cuidar su pobre hacienda, que en medio de su alegría, tuvo una feliz idea, con el fin de que el ganado, tuviera el pasto mas cerca, mientras duraba el verano, y era abundante la yerba, edifico una cabaña, en los altos de la sierra, cuando vio ya terminada, aquella atrevida empresa, paso a paso cada tarde, iba subiendo la vieja, camino de la montaña, cargada con la merienda, alli pasaba la noche, después de una frugal cena, y al amanecer bajaba, otra vez para la aldea, en tanto que el pastorcito, abriendo la corraleja, guiaba pronto el ganado, por las mejores laderas, tal fue la primer majada, del pueblo de Manzaneda, hecha por aquella anciana, que paso de los ochenta, y aun hoy abreviando el nombre, llaman la casa la vieja, pero! oh suerte, desgraciada! ¡cuanta es la humana flaqueza!, ¡que pronto pasan los años, y los días de inocencia!, aquel pastor tan querido, que aparentaba nobleza, tal vez por la mala sangre, que recibió en otra tierra, o bien por el mal ejemplo, que facilmente se hereda, fue olvidando los consejos, de su madre y de su abuela, y se tornó petulante, y de costumbres muy necias, dos jóvenes pastorcitas, dieron repetidas quejas, diciendo que usaba frases, y palabras descompuestas, que era falaz y atrevido, descarado y sin conciencia, y hubo personas sensatas, que sintieron honda pena, por el cambio de aquel joven, tan apreciado en la aldea, corrió por fin la noticia, de una infamante bajeza, mas.. ¿que fue lo sucedido?, no se supo a ciencia cierta, tal vez por que lo ocultaron, y se guardo gran reserva, ello fue un hecho muy grave, de fatales consecuencias, que causa miedo y espanto, cuando su historia se cuenta, pero es útil referirlo, según reza la leyenda.
CUETO AGUDO
Arriba en la cabaña, sentado en la cordilera, se divisa cueto agudo, rocallosa prominencia, que vigila los linderos, del pueblo de manzaneda, parece un pastor gigante, o mas bien un centinela, que cuando el cielo aparece, cubierto de nubes negras, y zumba el viento en los riscos, y el trueno ruge en las peñas, alzase como un valiente, sacudiendo la melena, y dominando la altura, como señor de la sierra, grita co voz arrogante, ¡alerta pueblos alerta! sed temerosos de dios, y no temais a la tormenta, aquella tarde famosa, en que el hijo de gabriela, con sus malos procederes, fue motivo de vergüenza, se oscurecio el firmamento, con una nube muy densa, que aterrados los pastores, corrieron con ligereza, y arrearon el ganado, en direccion a la aldea, al bajar por la peñona, cerca de las sementeras, un estruendo pavoroso, les causo nueva sorpresa, crugio toda la montaña, temblo espantada la tierra, y de las cumbres mas altas, al bajar por las laderas, rodaron enormes piedras, que se hacian mil pedazos, y observaron en la altura, cerca la casa la vieja, alzabanse llamaradas, en medio de la tormenta, y que una nube de rayos, y de palidas centellas, iluminaban el monte, con claridades siniestras, y el famoso cueto agudo, levantando la cabeza, diz que grito enfurecido, ¡afuera el infame afuera!, no consiento en mis dominios, un pastor de tal ralea, la fuente la gorgorita, desde aquella triste fecha, hace un glu-gin misterioso, recordando aquella escena, en la mañana siguiente, muy azorada la abuela, llego a la altura del monte, llevando doble merienda, pero hallo solo desastres, y dolores y tristezas, vio quemada la cabaña, la corraleja desierta, desaparecido el nieto, y las ovejas dispersas, llamó gritó lloró mucho, sumida en profunda pena, pero nadie respondia, a los gritos de la vieja, preguntaba a las montañas, ¿donde esta mi gabriel?, y los ecos de los valles, le respondian: el.... el, ¡oh valles-gritaba luego-, ¿de quien es el eco fiel?, ¿quien es el que me responde?, ¿es acaso mi gabriel?, y los valles compasivos le contestaban: el... el, con la voz mas cariñosa, le llamaba: ven gabriel, ven recibe la merienda, que hoy te traigo pan y miel, entonces las duras rocas, con un acento cruel, y con fria indiferencia, le repetian: el... el, rendida por fin la anciana, de dolor y de tristeza, abandono la montaña, dejando alli la merienda, y con paso vacilante, volvio llorando a la aldea, entre la gente del publo, se habló con mucha cautela, de la muerte de aquel mozo, que se tenia por cierta, y entre los mil comentarios, hubo terribles sospechas, unos que lo llevo el diablo, o que lo trago la tierra, otros que lo mato un rayo, porque decia blasfemias, y que lo descuartizaron, y lo comieron las fieras, otros que se oian gritos, por la noche en la devesa, y alaridos en los valles, y lamentos en las peñas, pero si alguno exigia una, explicacion concreta, al punto se disculpaban, con un se dice o se cuenta, al cabo de algunos meses, cuando ya la pobre vieja, iba a dejar esta vida, de sufrimientos y de penas, le llego una breve carta, por una posta secreta, y este era su contenido: querida y pensada abuela, con lagrimas en los ojos, te escribo estas pocas letras, tan solo para decirte, que aun vivo sobre la tierra, aterrado ante el castigo, que dios me puso tan cerca, caí al suelo de rodillas, en medio de la tormenta, y pedi perdon al cielo, de un pecado que me afrenta..., sali del monte esa noche, lleno de horror y vergüenza, y hoy me encuentro en un convento, donde he de hacer penitencia, hasta que dios con su gracia, me lleve a la vida eterna, abuelita de mi alma, perdoname las ofensas, y que todos me perdonen, mis pecados y flaquezas, espero verte en el cielo, donde mi madre me espera, ¡adios querida abuela!, Gabriel hijo de Gabriela
AUTOR URBANO ÁLVAREZ-MI ALDEA-
Un día del mes de junio, en vísperas de la fiesta, del glorioso San Pelayo, patrono de aquella aldea, por el camino del valle, en una tarde serena, una mujer con un niño, llegaban a Manzaneda, dos bulliciosos rapaces, que regaban las praderas, se adelantaron corriendo, y dieron la voz de alerta, que estaban llegando al pueblo, dos personas forasteras, un rapacín y una moza, vestidos a la moderna, llego pronto la noticia, a los padres de Gabriela, y salieron a la calle, ambos con la misma idea, ¡oh si fuera nuestra hija!, se decían ¡Dios lo quiera!, y la avistaron muy pronto, y era su hija Gabriela, y entre sollozos y gritos, se abalanzaron a ella, y la abrazaron mil veces, con una alegría inmensa, mezclándose dulces lagrimas, de consuelo y de tristeza, corrió la voz por el pueblo, y todos fueron a verla, mostrándose complacidos, por tan alegre sorpresa, y hasta los mozos y mozas, se dieron cita secreta, para dar la bienvenida, a la antigua compañera, después hubo comentarios, y hubo preguntas discretas, y pronto se adivinaron, historias que no se cuentan.
El HUERFANO
..... Pero vivió pocos años, la tan famosa Gabriela, pues Dios le dio mejor vida, después de una vida austera, cuando recibió el viático, estando ya muy enferma, pidió perdón de sus faltas, y de todas sus flaquezas, haciendo derramar lagrimas, a toda la concurrencia, y murió muy resignada, llevando solo una pena, y ere dejar aquel niño, sin padre sobre la tierra. Gabrielito se llamaba, aquel hijo de Gabriela, muchacho bien parecido, y de gallarda presencia, murió pronto su abuelito, y se quedo con su abuela, quien le enseñó poco a poco, las labores de la aldea, los trabajos del terruño, y el pastoreo en la sierra, y aprendió a cuidar los campos, y a labrar las sementeras, y fue también pastorcito, y guardo cabras y ovejas, y anduvo de monte en monte, llevando el zurrón acuestas, y tomo sabrosa leche, con cuchara de madera, migas de pan de centeno, en la rustica cazuela, y canto bellas canciones, por los cerros y laderas, como cantan ahora, los pastores de mi tierra, tan satisfecha y alegre, se hallaba entonces la abuela, viendo el esmero del nieto, en cuidar su pobre hacienda, que en medio de su alegría, tuvo una feliz idea, con el fin de que el ganado, tuviera el pasto mas cerca, mientras duraba el verano, y era abundante la yerba, edifico una cabaña, en los altos de la sierra, cuando vio ya terminada, aquella atrevida empresa, paso a paso cada tarde, iba subiendo la vieja, camino de la montaña, cargada con la merienda, alli pasaba la noche, después de una frugal cena, y al amanecer bajaba, otra vez para la aldea, en tanto que el pastorcito, abriendo la corraleja, guiaba pronto el ganado, por las mejores laderas, tal fue la primer majada, del pueblo de Manzaneda, hecha por aquella anciana, que paso de los ochenta, y aun hoy abreviando el nombre, llaman la casa la vieja, pero! oh suerte, desgraciada! ¡cuanta es la humana flaqueza!, ¡que pronto pasan los años, y los días de inocencia!, aquel pastor tan querido, que aparentaba nobleza, tal vez por la mala sangre, que recibió en otra tierra, o bien por el mal ejemplo, que facilmente se hereda, fue olvidando los consejos, de su madre y de su abuela, y se tornó petulante, y de costumbres muy necias, dos jóvenes pastorcitas, dieron repetidas quejas, diciendo que usaba frases, y palabras descompuestas, que era falaz y atrevido, descarado y sin conciencia, y hubo personas sensatas, que sintieron honda pena, por el cambio de aquel joven, tan apreciado en la aldea, corrió por fin la noticia, de una infamante bajeza, mas.. ¿que fue lo sucedido?, no se supo a ciencia cierta, tal vez por que lo ocultaron, y se guardo gran reserva, ello fue un hecho muy grave, de fatales consecuencias, que causa miedo y espanto, cuando su historia se cuenta, pero es útil referirlo, según reza la leyenda.
CUETO AGUDO
Arriba en la cabaña, sentado en la cordilera, se divisa cueto agudo, rocallosa prominencia, que vigila los linderos, del pueblo de manzaneda, parece un pastor gigante, o mas bien un centinela, que cuando el cielo aparece, cubierto de nubes negras, y zumba el viento en los riscos, y el trueno ruge en las peñas, alzase como un valiente, sacudiendo la melena, y dominando la altura, como señor de la sierra, grita co voz arrogante, ¡alerta pueblos alerta! sed temerosos de dios, y no temais a la tormenta, aquella tarde famosa, en que el hijo de gabriela, con sus malos procederes, fue motivo de vergüenza, se oscurecio el firmamento, con una nube muy densa, que aterrados los pastores, corrieron con ligereza, y arrearon el ganado, en direccion a la aldea, al bajar por la peñona, cerca de las sementeras, un estruendo pavoroso, les causo nueva sorpresa, crugio toda la montaña, temblo espantada la tierra, y de las cumbres mas altas, al bajar por las laderas, rodaron enormes piedras, que se hacian mil pedazos, y observaron en la altura, cerca la casa la vieja, alzabanse llamaradas, en medio de la tormenta, y que una nube de rayos, y de palidas centellas, iluminaban el monte, con claridades siniestras, y el famoso cueto agudo, levantando la cabeza, diz que grito enfurecido, ¡afuera el infame afuera!, no consiento en mis dominios, un pastor de tal ralea, la fuente la gorgorita, desde aquella triste fecha, hace un glu-gin misterioso, recordando aquella escena, en la mañana siguiente, muy azorada la abuela, llego a la altura del monte, llevando doble merienda, pero hallo solo desastres, y dolores y tristezas, vio quemada la cabaña, la corraleja desierta, desaparecido el nieto, y las ovejas dispersas, llamó gritó lloró mucho, sumida en profunda pena, pero nadie respondia, a los gritos de la vieja, preguntaba a las montañas, ¿donde esta mi gabriel?, y los ecos de los valles, le respondian: el.... el, ¡oh valles-gritaba luego-, ¿de quien es el eco fiel?, ¿quien es el que me responde?, ¿es acaso mi gabriel?, y los valles compasivos le contestaban: el... el, con la voz mas cariñosa, le llamaba: ven gabriel, ven recibe la merienda, que hoy te traigo pan y miel, entonces las duras rocas, con un acento cruel, y con fria indiferencia, le repetian: el... el, rendida por fin la anciana, de dolor y de tristeza, abandono la montaña, dejando alli la merienda, y con paso vacilante, volvio llorando a la aldea, entre la gente del publo, se habló con mucha cautela, de la muerte de aquel mozo, que se tenia por cierta, y entre los mil comentarios, hubo terribles sospechas, unos que lo llevo el diablo, o que lo trago la tierra, otros que lo mato un rayo, porque decia blasfemias, y que lo descuartizaron, y lo comieron las fieras, otros que se oian gritos, por la noche en la devesa, y alaridos en los valles, y lamentos en las peñas, pero si alguno exigia una, explicacion concreta, al punto se disculpaban, con un se dice o se cuenta, al cabo de algunos meses, cuando ya la pobre vieja, iba a dejar esta vida, de sufrimientos y de penas, le llego una breve carta, por una posta secreta, y este era su contenido: querida y pensada abuela, con lagrimas en los ojos, te escribo estas pocas letras, tan solo para decirte, que aun vivo sobre la tierra, aterrado ante el castigo, que dios me puso tan cerca, caí al suelo de rodillas, en medio de la tormenta, y pedi perdon al cielo, de un pecado que me afrenta..., sali del monte esa noche, lleno de horror y vergüenza, y hoy me encuentro en un convento, donde he de hacer penitencia, hasta que dios con su gracia, me lleve a la vida eterna, abuelita de mi alma, perdoname las ofensas, y que todos me perdonen, mis pecados y flaquezas, espero verte en el cielo, donde mi madre me espera, ¡adios querida abuela!, Gabriel hijo de Gabriela
AUTOR URBANO ÁLVAREZ-MI ALDEA-