El hombre que convertía las ganancias de las puntas en arte fotográfico
Bernardo Alonso Villarejo, dueño de los Almacenes Villarejo, fue un recordado fotógrafo aficionado de evidente calidad
F. Fernández / Bembibre
Si las viejas ferreterías son todo un mundo, los ferreteros no lo son menos. Basta fijarse en los de las dos más antiguas de la provincia.
Al frente de Almacenes Villarejo, en Bembibre, estuvo durante muchos años uno de los personajes más singulares de la villa, Bernardo Alonso Villarejo, un hombre muy culto, aficionado al arte y la fotografía, viajero, filántropo... En los últimos meses su nombre ha saltado a la palestra al haber adquirido el Ministerio de Cultura, para el Centro Documental de la Memoria Histórica, buena parte de su obra, con la que ha organizado (en León en colaboración con el ILC) un buen número de exposiciones. En concreto, el archivo adquirido por el Ministerio de Cultura se compone de casi 3000 negativos, más de 1000 diapositivas y más de 20 películas, material que pasará a formar parte de los fondos custodiados por el Centro en Salamanca. Las muestras recogían 90 fotografías en blanco y negro, que retratan magistralmente la España de los años 50 y 60 haciendo un proceso de universalización del pequeño mundo al que fijó más atención, Bembibre y su comarca, pero contando también con imágenes de sus numerosos viajes.
La recuperación de su obra y su figura tiene mucho que ver con el trabajo de su ‘descubridor’, otro fotógrafo, Amando Casado. ‘‘Hace unos años pasé por el Museo de Bembibre para hacer unas fotografías. Allí descubrí una grata sorpresa: una serie de imágenes de temática etnográfica, con unas copias de excelente calidadpero, sobre todo, por cómo estaba utilizando el lenguaje fotográfico su autor”. Y también, porqué no decirlo, por las cámaras con las que trabajaba, una Leika de 35 mm. —las mismas de Man Ray, Robert Capa o Henry Cartier-Bresson— y una Rolleiflex.
Casado siguió el hilo de Álvarez Villarejo y así se produjo la noticia de la compra por el Ministerio, la exposición y la recuperación de la figura de este fotógrafo ‘amateur’, pero no en la calidad.
Bernardo A. Villarejo nació en Bembibre en 1906 y no parecía su primera intención hacerse cargo de los almacenes que regentaba su familia, fundamentalmente su madre, doña Catalina, por la que nuestro fotógrafo sentía veneración. Pero diversos avatares, como su daltonismo, le impidieron cursar la carrera de Ingeniería Naval, su verdadera pasión.
Se quedó en Bembibre pero no cortó las alas de sus sueños y el joven berciano comenzó a frecuentar ciudades como París, con relativa frecuencia, y otras capitales europeas y españolas. Lector empedernido de los temas más diversos, se convirtió en un tipo realmente singular. Joaquín Alonso acerca una definición de su carácter: ‘‘un hombre independiente, metódico, disciplinado, hipocondríaco, solitario y algo taciturno, pero también exquisitamente educado, comedido, culto y convencido de sus ideas’’.
La bonanza económica de la época, por la minería, le permitió cultivar su pasión por la fotografía y también ser un gran filántropo, de cuya bondad se beneficiaron desde el equipo de fútbol a los trabajadores para los que construyó casas o la residencia que también puso en marcha.
Bernardo Alonso Villarejo, dueño de los Almacenes Villarejo, fue un recordado fotógrafo aficionado de evidente calidad
F. Fernández / Bembibre
Si las viejas ferreterías son todo un mundo, los ferreteros no lo son menos. Basta fijarse en los de las dos más antiguas de la provincia.
Al frente de Almacenes Villarejo, en Bembibre, estuvo durante muchos años uno de los personajes más singulares de la villa, Bernardo Alonso Villarejo, un hombre muy culto, aficionado al arte y la fotografía, viajero, filántropo... En los últimos meses su nombre ha saltado a la palestra al haber adquirido el Ministerio de Cultura, para el Centro Documental de la Memoria Histórica, buena parte de su obra, con la que ha organizado (en León en colaboración con el ILC) un buen número de exposiciones. En concreto, el archivo adquirido por el Ministerio de Cultura se compone de casi 3000 negativos, más de 1000 diapositivas y más de 20 películas, material que pasará a formar parte de los fondos custodiados por el Centro en Salamanca. Las muestras recogían 90 fotografías en blanco y negro, que retratan magistralmente la España de los años 50 y 60 haciendo un proceso de universalización del pequeño mundo al que fijó más atención, Bembibre y su comarca, pero contando también con imágenes de sus numerosos viajes.
La recuperación de su obra y su figura tiene mucho que ver con el trabajo de su ‘descubridor’, otro fotógrafo, Amando Casado. ‘‘Hace unos años pasé por el Museo de Bembibre para hacer unas fotografías. Allí descubrí una grata sorpresa: una serie de imágenes de temática etnográfica, con unas copias de excelente calidadpero, sobre todo, por cómo estaba utilizando el lenguaje fotográfico su autor”. Y también, porqué no decirlo, por las cámaras con las que trabajaba, una Leika de 35 mm. —las mismas de Man Ray, Robert Capa o Henry Cartier-Bresson— y una Rolleiflex.
Casado siguió el hilo de Álvarez Villarejo y así se produjo la noticia de la compra por el Ministerio, la exposición y la recuperación de la figura de este fotógrafo ‘amateur’, pero no en la calidad.
Bernardo A. Villarejo nació en Bembibre en 1906 y no parecía su primera intención hacerse cargo de los almacenes que regentaba su familia, fundamentalmente su madre, doña Catalina, por la que nuestro fotógrafo sentía veneración. Pero diversos avatares, como su daltonismo, le impidieron cursar la carrera de Ingeniería Naval, su verdadera pasión.
Se quedó en Bembibre pero no cortó las alas de sus sueños y el joven berciano comenzó a frecuentar ciudades como París, con relativa frecuencia, y otras capitales europeas y españolas. Lector empedernido de los temas más diversos, se convirtió en un tipo realmente singular. Joaquín Alonso acerca una definición de su carácter: ‘‘un hombre independiente, metódico, disciplinado, hipocondríaco, solitario y algo taciturno, pero también exquisitamente educado, comedido, culto y convencido de sus ideas’’.
La bonanza económica de la época, por la minería, le permitió cultivar su pasión por la fotografía y también ser un gran filántropo, de cuya bondad se beneficiaron desde el equipo de fútbol a los trabajadores para los que construyó casas o la residencia que también puso en marcha.