SOCIEDAD / Reportaje
¡Peligro, gallinas sueltas!
Anécdotas, curiosidades e historias singulares en los rincones de la provincia
Guisatecha, contrasta la modestia de la casa con los escudos nobiliarios a ambos lados de la ventana. J. A. RUBIO
F. Fernández / León
Recorrer la provincia es como abrir un pozo de sorpresas en el que hay de todo: anécdotas, curiosidades, historias, aberraciones urbanísticas, maravillas de la naturaleza... lo más insospechado tiene cabida. Puedes, por ejemplo, llegar a Torrestío y encontrar una señal de tráfico que no contemplan los códigos de circulación: “Peligro: Gallinas sueltas”.
- ¿Y eso jefe?
- A usted le gustarán los huevos, pues si nos mata las gallinas..., dice el buen hombre, quien completa la explicación recordando la vieja costumbre de las gallinas de vagar por las calles.
Pero no les falta humor a las gentes de este pueblo. Y a sus visitantes. Julio Álvarez Rubio, el mejor conocedor de estos valles, cuenta una curiosa anécdota de como puede averiguarse el tiempo que va a hacer en la comarca acudiendo al poyo en el que suele estar sentado un vecino: Benigno.
“Si Benigno está en el poyo y lleva puesta la montera picona: atmósfera seca, soleada y tibia.
Si Benigno no está en el poyo, siéntese el cliente y siga las instrucciones. Observe el pico Morronegro y la línea de cumbres de La Maserona durante cinco minutos:
- Si no ve nada de nada: niebla espesa.
- Si la cumbre está limpia y el cielo despejado: anticiclón.
- Si el cielo está aborregado y estamos en invierno: probablemente mañana nieve.
- Si el observador nota que se está empapando: lluvia fina.
Este fino humor se repite en otros muchos lugares. Rodillazo es un pueblo tan pequeño que sólo hay un lugar en el que dar vuelta, una pequeña plaza, tan pequeña que si aparca un coche ya impide dar vuelta a más vehículos. Por ello, en un poste de la luz han colocado un cartel en el que se puede leer: “No aparcar: Zona de maniobras”.
Pepe, el último habitante del lugar, explica que “no es ninguna broma. Alguna vez vienen excursionistas a hacer la ruta del Valle del Marqués y dejan ahí el coche desde primera hora hasta por la tarde y el panadero se pone hecho un basilisco porque tiene que irmarcha atrás hasta casi el siguiente pueblo”.
Los carteles son blanco de muchas bromas. Por la Cepeda alguno se ha dedicado a dejar los que anuncian algún arroyo en un narcisista yo, que recuerda aquella vieja polémica que se produjo en Cataluña cuando nombraron para Barcelona a un obispo castellano. Apareció una pintada que decía: “No queremos obispos castellanos”. Pocos días después taparon a los castellanos y quedó en un contundente “no queremos obispos”. Siguieron borrando y llamaba la atención leer “no queremos”, hasta que alguien remató la faena y la vieja pintada simplemente decía: “No”.
Curiosamente ya hace unos meses que en medio de Matallana de Torío pueblo hay un gran cartel blanco en cuya mitad superior se puede leer un enorme ‘No’, como el catalán. La mitad inferior está a disposición de quien quiera protestar por algo, durante meses completaron el cartel y decía ‘no a la minicentral’. Ahora lleva varios meses en expectativa de protesta.
Las viejas (y nuevas) construcciones dan mucho juego, aunque a veces sea a base de evidentes aberraciones. No siempre es así y, a veces, son simples paradojas, como la que el citado Julio A. Rubio nos acerca desde Guisatecha, en Omaña, donde una modesta casa muestra dos escudos nobiliarios a ambos lados de una pequeña ventana. Esconde la paradoja una vieja historia. “Un García, nacido en Curueña, decidió casarse en Manzaneda, en 1773, pero le fue negada la inclusión en el censo por no tener acreditada la condición de hidalgo. Logró la certificación de nobleza en la Corte y Chancillería de Valladolid y desde entonces, la casa matrimonial de Manzaneda lució estos dosescudos. El izquierdo corresponde al apellido de la esposa, Paula Álvarez. El derecho, con la leyenda de García, fue trasladado a Manzaneda desde Curueña. Hace cosa de un siglo, alguien ajeno a la estirpe retiró ambos blasones, los acarreó hasta Guisatecha y los colocó tal como ahora pueden verse”.
Después hay un poco de todo. En San Feliz de las Lavanderas un hijo del pueblo, de apellido Rojo, está levantando un enorme castillo, con su capilla y sus almenas; mientras otros tiran de ingenio, como el vecino de Cubillos del Sil que ha integrado perfectamente su casa con el poste de la luz; el de Castilfalé que se ha hecho una protección para la ventana con botes de tetra brik o los restos del viejo baño que aún luce la casa de Villavelasco bajo sus escaleras. Ahora bien, respeto entre el entorno y los postes de la luz el que puede verse en la carretera que va de Camposagrado a Torre del Bierzo, cerca de Irian, donde se va sacando la arena pero se deja la suficiente para que no caigan los postes y compongan una especie de modernas médulas del siglo XXI.
Y del siglo XXI, de esta misma semana, es la imagen del frío que recoge el bueno e incansableJesús G. G., ‘El de Villadangos’.
http://www. lacronicadeleon. es/2012/02/21/vivir/peligro-ga llinas-sueltas-141360. htm
¡Peligro, gallinas sueltas!
Anécdotas, curiosidades e historias singulares en los rincones de la provincia
Guisatecha, contrasta la modestia de la casa con los escudos nobiliarios a ambos lados de la ventana. J. A. RUBIO
F. Fernández / León
Recorrer la provincia es como abrir un pozo de sorpresas en el que hay de todo: anécdotas, curiosidades, historias, aberraciones urbanísticas, maravillas de la naturaleza... lo más insospechado tiene cabida. Puedes, por ejemplo, llegar a Torrestío y encontrar una señal de tráfico que no contemplan los códigos de circulación: “Peligro: Gallinas sueltas”.
- ¿Y eso jefe?
- A usted le gustarán los huevos, pues si nos mata las gallinas..., dice el buen hombre, quien completa la explicación recordando la vieja costumbre de las gallinas de vagar por las calles.
Pero no les falta humor a las gentes de este pueblo. Y a sus visitantes. Julio Álvarez Rubio, el mejor conocedor de estos valles, cuenta una curiosa anécdota de como puede averiguarse el tiempo que va a hacer en la comarca acudiendo al poyo en el que suele estar sentado un vecino: Benigno.
“Si Benigno está en el poyo y lleva puesta la montera picona: atmósfera seca, soleada y tibia.
Si Benigno no está en el poyo, siéntese el cliente y siga las instrucciones. Observe el pico Morronegro y la línea de cumbres de La Maserona durante cinco minutos:
- Si no ve nada de nada: niebla espesa.
- Si la cumbre está limpia y el cielo despejado: anticiclón.
- Si el cielo está aborregado y estamos en invierno: probablemente mañana nieve.
- Si el observador nota que se está empapando: lluvia fina.
Este fino humor se repite en otros muchos lugares. Rodillazo es un pueblo tan pequeño que sólo hay un lugar en el que dar vuelta, una pequeña plaza, tan pequeña que si aparca un coche ya impide dar vuelta a más vehículos. Por ello, en un poste de la luz han colocado un cartel en el que se puede leer: “No aparcar: Zona de maniobras”.
Pepe, el último habitante del lugar, explica que “no es ninguna broma. Alguna vez vienen excursionistas a hacer la ruta del Valle del Marqués y dejan ahí el coche desde primera hora hasta por la tarde y el panadero se pone hecho un basilisco porque tiene que irmarcha atrás hasta casi el siguiente pueblo”.
Los carteles son blanco de muchas bromas. Por la Cepeda alguno se ha dedicado a dejar los que anuncian algún arroyo en un narcisista yo, que recuerda aquella vieja polémica que se produjo en Cataluña cuando nombraron para Barcelona a un obispo castellano. Apareció una pintada que decía: “No queremos obispos castellanos”. Pocos días después taparon a los castellanos y quedó en un contundente “no queremos obispos”. Siguieron borrando y llamaba la atención leer “no queremos”, hasta que alguien remató la faena y la vieja pintada simplemente decía: “No”.
Curiosamente ya hace unos meses que en medio de Matallana de Torío pueblo hay un gran cartel blanco en cuya mitad superior se puede leer un enorme ‘No’, como el catalán. La mitad inferior está a disposición de quien quiera protestar por algo, durante meses completaron el cartel y decía ‘no a la minicentral’. Ahora lleva varios meses en expectativa de protesta.
Las viejas (y nuevas) construcciones dan mucho juego, aunque a veces sea a base de evidentes aberraciones. No siempre es así y, a veces, son simples paradojas, como la que el citado Julio A. Rubio nos acerca desde Guisatecha, en Omaña, donde una modesta casa muestra dos escudos nobiliarios a ambos lados de una pequeña ventana. Esconde la paradoja una vieja historia. “Un García, nacido en Curueña, decidió casarse en Manzaneda, en 1773, pero le fue negada la inclusión en el censo por no tener acreditada la condición de hidalgo. Logró la certificación de nobleza en la Corte y Chancillería de Valladolid y desde entonces, la casa matrimonial de Manzaneda lució estos dosescudos. El izquierdo corresponde al apellido de la esposa, Paula Álvarez. El derecho, con la leyenda de García, fue trasladado a Manzaneda desde Curueña. Hace cosa de un siglo, alguien ajeno a la estirpe retiró ambos blasones, los acarreó hasta Guisatecha y los colocó tal como ahora pueden verse”.
Después hay un poco de todo. En San Feliz de las Lavanderas un hijo del pueblo, de apellido Rojo, está levantando un enorme castillo, con su capilla y sus almenas; mientras otros tiran de ingenio, como el vecino de Cubillos del Sil que ha integrado perfectamente su casa con el poste de la luz; el de Castilfalé que se ha hecho una protección para la ventana con botes de tetra brik o los restos del viejo baño que aún luce la casa de Villavelasco bajo sus escaleras. Ahora bien, respeto entre el entorno y los postes de la luz el que puede verse en la carretera que va de Camposagrado a Torre del Bierzo, cerca de Irian, donde se va sacando la arena pero se deja la suficiente para que no caigan los postes y compongan una especie de modernas médulas del siglo XXI.
Y del siglo XXI, de esta misma semana, es la imagen del frío que recoge el bueno e incansableJesús G. G., ‘El de Villadangos’.
http://www. lacronicadeleon. es/2012/02/21/vivir/peligro-ga llinas-sueltas-141360. htm