ROMANCE DEL DUQUE
Así recitó el juglar
a muchedumbre embobada:
Era un joven que metía
las pelotas por la escuadra
y, de pronto, llegó a Duque
al casar con una infanta:
braguetazo, que le dicen
por tierras de Salamanca,
braguetazu, en les Asturies
y pelotazo en Granada.
Al entrar en la nobleza,
ya Duque de Candelaria,
se creyó con la licencia
del derecho de pernada
y se vio como intocable
en la Realeza de España.
Vino a proponer negocios
a diversos Reyes Taifas
que juegan con el erario
como bien les viene en gana;
pues es dinero de nadie
y revierte en quien lo apaña.
Presidentes de segunda,
que aparentan Reyes Taifas,
se embobaron con el “Yerno”
y prepararon pitanza
para que comiese el Duque
cuanto le diese la gana
y el Duque, más que comer,
ciertamente devoraba
con apetito insaciable;
le gustaba la pitanza.
Asunto fue de millones
los contratos que firmaran
y, por si acaso, el Gran Duque
adelantados cobraba;
no fuese que de proyectos
quedasen humos de paja.
Así recitó el juglar
a muchedumbre embobada:
Era un joven que metía
las pelotas por la escuadra
y, de pronto, llegó a Duque
al casar con una infanta:
braguetazo, que le dicen
por tierras de Salamanca,
braguetazu, en les Asturies
y pelotazo en Granada.
Al entrar en la nobleza,
ya Duque de Candelaria,
se creyó con la licencia
del derecho de pernada
y se vio como intocable
en la Realeza de España.
Vino a proponer negocios
a diversos Reyes Taifas
que juegan con el erario
como bien les viene en gana;
pues es dinero de nadie
y revierte en quien lo apaña.
Presidentes de segunda,
que aparentan Reyes Taifas,
se embobaron con el “Yerno”
y prepararon pitanza
para que comiese el Duque
cuanto le diese la gana
y el Duque, más que comer,
ciertamente devoraba
con apetito insaciable;
le gustaba la pitanza.
Asunto fue de millones
los contratos que firmaran
y, por si acaso, el Gran Duque
adelantados cobraba;
no fuese que de proyectos
quedasen humos de paja.