CUANDO TRUENA
Hay en el hombre, quizá, un terror instintivo a las tormentas. Durante la infancia el miedo se produce por la espectacularidad sonora de las mismas, que a menudo se ve acompañada de un impresionante aparato eléctrico. A los niños del Bierzo, según recoge Alonso Ponga, se les decía que “era el diablo que corría con los zocos y por eso hacía tanto ruido, y que si los niños no se iban para casa podían perecer bajo el efecto de un rayo que el diablo arrojaba a propósito, desde las nubes”. A falta de explicación científica, la intervención demoníaca contribuía a amedrentar a los muchachos que de esa manera se resguardaban de la tormenta.
Los adultos, sin embargo, temían por partida doble. En primer lugar por los efectos de la caída de chispas sobre las personas: en Villavieja del Castillo consta que lo primero que se hacía era arrojar lejos las hoces o guadañas con las que en ese momento se estuviera trabajando. Pero el mayor temor se producía, lógicamente, por las cosechas. En Ambasmestas se luchaba contra la truena por el procedimiento de sacar la imagen de la Virgen a la calle a la vez que se encendían en las casas las velas de Semana Santa, es decir, las velas del Monumento de Jueves Santo (procedimiento que se repite en prácticamente todos los pueblos de la comarca). En Castropodame se ponía boca arriba la campana de Santa Bárbara, se colocaba el recadillo y la pala del pan formando una cruz en el horno y se rociaba con el agua bendita del Jueves Santo la casa, amén de encender las consabidas velas. En Peñalba, según recoge David Gustavo López, era remedio infalible sacar la campana de Santa Bárbara a la puerta de la Iglesia y ponerla boca arriba. El mismo autor apunta que en Montes de Valdueza lo que se colocaba era “un hacha con el filo para arriba”. En Villavieja del Castillo también se sacaba a Santa Bárbara a la vez que se tocaba la campana de una manera especial. En dicho lugar, además, se subía a un monte que miraba a varios pueblos (Voces, Pombriego, Ferradillo y Villavieja), denominado La Cruz de Penelo, en el que había una cruz de madera. Nuestro informante afirma que giraban la cruz con la intención de que la tormenta “marchase para otro lugar”. Esa misma intención se observa en el dicho recogido por Alonso Ponga en Campo de Ponferrada: Santa Bárbara bendita/ que en el cielo estas escrita/ leva pra los Pirineos/ esta tormenta maldita.
En casi todo el Bierzo, además, se conjuraba la truena con recitaciones especialmente dirigidas a Santa Bárbara y que, con variantes, responden a la que hemos recogido en Ambasmestas: Santa Bárbara bendita/ Santa Bárbara doncella/ líbranos de una centella/ y de rayos malairados/ padre nuestro amén Jesús/ en el ara de la cruz/ padre nuestro amén Jesus.
Por ultimo, recogemos de La piedra celeste la existencia en Lombillo de los Barrios del curiosísimo oficio de “ahuyentatormentas”, que en el año 1984 estaba desempeñado por Emilia Igareta. Su función consistía en tocar, cuando tronaba, la campana de Santa Bárbara, “campana... negra y pesada, con dos agarraderas que le salen por arriba... En ella esta grabada la imagen de Santa Bárbara”.
Hay en el hombre, quizá, un terror instintivo a las tormentas. Durante la infancia el miedo se produce por la espectacularidad sonora de las mismas, que a menudo se ve acompañada de un impresionante aparato eléctrico. A los niños del Bierzo, según recoge Alonso Ponga, se les decía que “era el diablo que corría con los zocos y por eso hacía tanto ruido, y que si los niños no se iban para casa podían perecer bajo el efecto de un rayo que el diablo arrojaba a propósito, desde las nubes”. A falta de explicación científica, la intervención demoníaca contribuía a amedrentar a los muchachos que de esa manera se resguardaban de la tormenta.
Los adultos, sin embargo, temían por partida doble. En primer lugar por los efectos de la caída de chispas sobre las personas: en Villavieja del Castillo consta que lo primero que se hacía era arrojar lejos las hoces o guadañas con las que en ese momento se estuviera trabajando. Pero el mayor temor se producía, lógicamente, por las cosechas. En Ambasmestas se luchaba contra la truena por el procedimiento de sacar la imagen de la Virgen a la calle a la vez que se encendían en las casas las velas de Semana Santa, es decir, las velas del Monumento de Jueves Santo (procedimiento que se repite en prácticamente todos los pueblos de la comarca). En Castropodame se ponía boca arriba la campana de Santa Bárbara, se colocaba el recadillo y la pala del pan formando una cruz en el horno y se rociaba con el agua bendita del Jueves Santo la casa, amén de encender las consabidas velas. En Peñalba, según recoge David Gustavo López, era remedio infalible sacar la campana de Santa Bárbara a la puerta de la Iglesia y ponerla boca arriba. El mismo autor apunta que en Montes de Valdueza lo que se colocaba era “un hacha con el filo para arriba”. En Villavieja del Castillo también se sacaba a Santa Bárbara a la vez que se tocaba la campana de una manera especial. En dicho lugar, además, se subía a un monte que miraba a varios pueblos (Voces, Pombriego, Ferradillo y Villavieja), denominado La Cruz de Penelo, en el que había una cruz de madera. Nuestro informante afirma que giraban la cruz con la intención de que la tormenta “marchase para otro lugar”. Esa misma intención se observa en el dicho recogido por Alonso Ponga en Campo de Ponferrada: Santa Bárbara bendita/ que en el cielo estas escrita/ leva pra los Pirineos/ esta tormenta maldita.
En casi todo el Bierzo, además, se conjuraba la truena con recitaciones especialmente dirigidas a Santa Bárbara y que, con variantes, responden a la que hemos recogido en Ambasmestas: Santa Bárbara bendita/ Santa Bárbara doncella/ líbranos de una centella/ y de rayos malairados/ padre nuestro amén Jesús/ en el ara de la cruz/ padre nuestro amén Jesus.
Por ultimo, recogemos de La piedra celeste la existencia en Lombillo de los Barrios del curiosísimo oficio de “ahuyentatormentas”, que en el año 1984 estaba desempeñado por Emilia Igareta. Su función consistía en tocar, cuando tronaba, la campana de Santa Bárbara, “campana... negra y pesada, con dos agarraderas que le salen por arriba... En ella esta grabada la imagen de Santa Bárbara”.