LA NOCHE DE SAN JUAN
Pocas noches en la vida de los hombres resultan tan mágicas como la noche de San Juan. La fiesta tiene lugar, como es bien sabido, la noche del día 23 al 24 de junio, día este en que la Iglesia celebra la Natividad de San Juan Bautista. Pero esta fiesta, salvo el nombre, casi nada tiene que ver con el cristianismo. Para Caro Baroja, “la fiesta de san Juan es en su origen y manifestaciones populares... una fiesta solar, la fiesta del solsticio de verano”. De hecho las manifestaciones que tienen lugar dicha noche o madrugada son comunes a variadas culturas y hunden sus raíces en un remotísimo pasado.
Las celebraciones de la Noche de San Juan giran en torno a tres elementos importantísimos: el fuego, el agua y las plantas. El primero tiene un marcado carácter purificador mientras que los dos últimos se usan profilácticamente o como remedio.
La mayoría de los pueblos del Bierzo han realizado hasta hace bien poco hogueras de Noche de San Juan. La razón de que en ellos se haya perdido o este en vías de desaparición esta tradición hay que buscarla en el despoblamiento generalizado del medio rural y la casi ausencia de juventud en el mismo. Eran los mozos quienes encendían las hogueras tras acarrear urces, sarmientos y otros tipos de leña, aunque en ellas participase el pueblo en conjunto, sin exclusión de ningún tipo. Costumbre común a todos los lugares era el hecho de saltar la hoguera (costumbre, desde luego, antiquísima por estar ya recogida por el poeta Ovidio en los Fasti), cosa que se hacia sin razón aparente. En Ambasmestas, no obstante, la mocedad, después de tomar el chocolate que se hacia (tradición también bastante extendida) y de bailar y cantar a placer, se dividía en dos grupos: ángeles y demonios. Estos últimos perseguían corriendo a los ángeles que, para no ser cogidos, saltaban la hoguera.
Contra la madrugada, el fuego dejaba paso a los ritos relacionados con el agua y la recogida de plantas. Así, los mozos de Burbia acostumbraban a pasar al sereno la noche. En Almázcara la gente salía descalza al amanecer a andar por los prados porque el rocío de la noche de San Juan, dicen, hacia que no enfermaran los pies. La misma costumbre existía en Castropodame y en Villavieja del Castillo, donde se conoce la rociada como “orvallo de San Juan”. En Ambasmestas, las mujeres sacaban las ropas que tenían guardadas a las ventanas y balcones para que cogiesen este orvallo de San Juan en la creencia de que así se conservarían mejor. El mismo efecto profiláctico se reconocía allí para los animales como ocurre también en Peñalba donde, según Gustavo López, ese día se sacaban las vacas a dormir al fresco.
En Pereda, según recogen M. Rubio y J. Rúa en el capitulo de creencias, mitos y leyendas del libro Ancares, el día 24, antes de que diese el sol, debía beberse el agua de nueve fuentes porque así se curaba el bocio y no se tendrían males de garganta.
Al amanecer de dicho día se recogían también plantas a las que en muchos lugares se conoce como “hierbas de San Juan”. En Villanueva de los Cestos se nos dijo que esa mañana se recolectaban plantas de “ahumar” (tomillo, hojas de nogal...) porque ese día “estaban las hierbas benditas”. En Castropodame se recogía orégano y ruda. Con esta, que según apuntan reiteradamente “olía muy mal”, se frotaba el vientre a los niños y quitaba las lombrices. En los Ancares, y según los autores anteriormente citados, se recogía la flor del loureiro (laurel) y la del bieito (saúco). Aquélla para curar los ojos, ésta para espantar brujas y catarros. Y entre los días de San Juan y San Pedro recolectaban en Peñalba plantas con valor curativo como la flor del sabuguero (saúco), amapolas, violetas, malvas y orégano.
En algunos lugares del Bierzo existía también la tradición de poner el ramo a las mozas durante la noche de San Juan. No obstante, es esta una costumbre que varía mucho de fecha dependiendo de los lugares. Así, en San Andrés de Montejos tiene lugar la noche de Reyes; en Almázcara y Castropodame, por Pascua; en Villanueva de los Cestos (las mozas recibían aquí ramos cargados de cerezas) y Bembibre se pone por San Pedro. Pero en este ultimo lugar se canta una copla que parece indicar que anteriormente el ramo se ponía en San Juan: El día de San Pedro te puse el ramo/ el día de San Juan estuve malo.
Para terminar, hay que hacer referencia a la costumbre –ya recogida en el Madoz bajo la voz Cuevas de San Genadio– de acudir el día de la Natividad de San Juan Bautista a visitar las Cuevas y “recoger polvo de ellas que suponen especffico contra las calenturas intermitentes”.
La noche de San Juan tenía un embrujo tal, que conseguía que la noche mas corta del año fuera, finalmente, la mas larga e intensa.
Pocas noches en la vida de los hombres resultan tan mágicas como la noche de San Juan. La fiesta tiene lugar, como es bien sabido, la noche del día 23 al 24 de junio, día este en que la Iglesia celebra la Natividad de San Juan Bautista. Pero esta fiesta, salvo el nombre, casi nada tiene que ver con el cristianismo. Para Caro Baroja, “la fiesta de san Juan es en su origen y manifestaciones populares... una fiesta solar, la fiesta del solsticio de verano”. De hecho las manifestaciones que tienen lugar dicha noche o madrugada son comunes a variadas culturas y hunden sus raíces en un remotísimo pasado.
Las celebraciones de la Noche de San Juan giran en torno a tres elementos importantísimos: el fuego, el agua y las plantas. El primero tiene un marcado carácter purificador mientras que los dos últimos se usan profilácticamente o como remedio.
La mayoría de los pueblos del Bierzo han realizado hasta hace bien poco hogueras de Noche de San Juan. La razón de que en ellos se haya perdido o este en vías de desaparición esta tradición hay que buscarla en el despoblamiento generalizado del medio rural y la casi ausencia de juventud en el mismo. Eran los mozos quienes encendían las hogueras tras acarrear urces, sarmientos y otros tipos de leña, aunque en ellas participase el pueblo en conjunto, sin exclusión de ningún tipo. Costumbre común a todos los lugares era el hecho de saltar la hoguera (costumbre, desde luego, antiquísima por estar ya recogida por el poeta Ovidio en los Fasti), cosa que se hacia sin razón aparente. En Ambasmestas, no obstante, la mocedad, después de tomar el chocolate que se hacia (tradición también bastante extendida) y de bailar y cantar a placer, se dividía en dos grupos: ángeles y demonios. Estos últimos perseguían corriendo a los ángeles que, para no ser cogidos, saltaban la hoguera.
Contra la madrugada, el fuego dejaba paso a los ritos relacionados con el agua y la recogida de plantas. Así, los mozos de Burbia acostumbraban a pasar al sereno la noche. En Almázcara la gente salía descalza al amanecer a andar por los prados porque el rocío de la noche de San Juan, dicen, hacia que no enfermaran los pies. La misma costumbre existía en Castropodame y en Villavieja del Castillo, donde se conoce la rociada como “orvallo de San Juan”. En Ambasmestas, las mujeres sacaban las ropas que tenían guardadas a las ventanas y balcones para que cogiesen este orvallo de San Juan en la creencia de que así se conservarían mejor. El mismo efecto profiláctico se reconocía allí para los animales como ocurre también en Peñalba donde, según Gustavo López, ese día se sacaban las vacas a dormir al fresco.
En Pereda, según recogen M. Rubio y J. Rúa en el capitulo de creencias, mitos y leyendas del libro Ancares, el día 24, antes de que diese el sol, debía beberse el agua de nueve fuentes porque así se curaba el bocio y no se tendrían males de garganta.
Al amanecer de dicho día se recogían también plantas a las que en muchos lugares se conoce como “hierbas de San Juan”. En Villanueva de los Cestos se nos dijo que esa mañana se recolectaban plantas de “ahumar” (tomillo, hojas de nogal...) porque ese día “estaban las hierbas benditas”. En Castropodame se recogía orégano y ruda. Con esta, que según apuntan reiteradamente “olía muy mal”, se frotaba el vientre a los niños y quitaba las lombrices. En los Ancares, y según los autores anteriormente citados, se recogía la flor del loureiro (laurel) y la del bieito (saúco). Aquélla para curar los ojos, ésta para espantar brujas y catarros. Y entre los días de San Juan y San Pedro recolectaban en Peñalba plantas con valor curativo como la flor del sabuguero (saúco), amapolas, violetas, malvas y orégano.
En algunos lugares del Bierzo existía también la tradición de poner el ramo a las mozas durante la noche de San Juan. No obstante, es esta una costumbre que varía mucho de fecha dependiendo de los lugares. Así, en San Andrés de Montejos tiene lugar la noche de Reyes; en Almázcara y Castropodame, por Pascua; en Villanueva de los Cestos (las mozas recibían aquí ramos cargados de cerezas) y Bembibre se pone por San Pedro. Pero en este ultimo lugar se canta una copla que parece indicar que anteriormente el ramo se ponía en San Juan: El día de San Pedro te puse el ramo/ el día de San Juan estuve malo.
Para terminar, hay que hacer referencia a la costumbre –ya recogida en el Madoz bajo la voz Cuevas de San Genadio– de acudir el día de la Natividad de San Juan Bautista a visitar las Cuevas y “recoger polvo de ellas que suponen especffico contra las calenturas intermitentes”.
La noche de San Juan tenía un embrujo tal, que conseguía que la noche mas corta del año fuera, finalmente, la mas larga e intensa.