La cristianización del tiempo que la Iglesia acometió consiguió la suplantación de las antiguas fiestas paganas, muchas de las cuales eran comunes a diferentes culturas puesto que celebraban acontecimientos naturales tales como los solsticios que, en opinión de autores como Emeterio Sorazu, constituyen las fechas centrales de nuestro folklore festivo. Poco a poco todos los meses fueron poblándose de señaladas fiestas cristianas: las fiestas solsticiales de invierno pasaron a convertirse en la Natividad del Señor; las de verano terminaron por consagrarse a la natividad de San Juan Bautista; el primer día del año paso a conmemorar la Circuncisión del Señor; el primero de noviembre se instituyo a comienzos del siglo XI como fiesta de Todos los Santos; el primer día de mayo paso a ser la fiesta de San José Artesano... Pero algunas de estas celebraciones conservan restos de su origen precristiano. En este sentido son evidentes los casos de la noche de San Juan o las celebraciones del primero de mayo así como la costumbre tan arraigada de algunas mascaras del carnaval.
Hubiese sido fácil estructurar este fascículo siguiendo cronologicamente las fiestas litúrgicas en las que el hombre continúa encontrándose con elementos mágicos antiguos. Pero el espacio no lo ha permitido. De manera que hemos optado por ceñirnos a cuatro momentos específicos: el carnaval, los mayos, la noche de San Juan y la truena. A ellos seguirá, para terminar, un somero repaso a fechas como el día de Todos los Santos, la Nochebuena, o la noche de las trastadas. Juzgue el lector si en ellos hay magia, embrujo, hechizo o embeleso.
Me gustaría dejar constancia de que buena parte de las fiestas, dichos y ritos que se hallan recogidas en abundantes y buenas publicaciones sobre la comarca –de las que obviamente quedara constancia en la bibliografía utilizada para estas paginas– así como de las que he conocido a través de informantes, se han perdido probablemente para siempre al desaparecer las formas de vida en que se sustentaban. Por ultimo, tenga en cuenta el lector que en este trabajo y, por razones obvias, solamente hablaremos del Bierzo rural.
CARNAVAL, ANTRODIO, ENTRUIDO, ANTRUEJO
De sobra conocidas son las diversas interpretaciones que se han hecho y continúan realizándose sobre el carnaval. Para empezar, hay que hacer referencia a las diversas formas que en el Bierzo existen para denominar a los tres días que preceden a la cuaresma: carnaval, antroido, entruido, o antruejo. Todas ellas se refieren a una alegre y descocada tradición en la que, simplificando mucho, se podrían señalar dos características comunes a toda la comarca: en primer lugar, las mascaras y disfraces. En segundo lugar, el hecho de que el martes de carnaval se coma el botillo (en algunos pueblos se comía ya el día conocido como domingo gordo) en un hartazgo inmediatamente olvidado por el rigor del ayuno y la abstinencia que exige la cuaresma.
En Castropodame, el martes de carnaval la gente se disfrazaba, se ponía sombreros y se tiznaba la cara o se tapaba con mascaras que hacían de cartón. Montaban a un mozo en un burro y le rellenaban las ropas con pajas y recorrían las calles con música de tamboril, dulzaina, panderetas, flautas. En Villavieja del Castillo también revestían a un hombre con paja y le denominaban entruido. Los demos se disfrazaban con la peor ropa que tenían y hacían ruido con cencerros a la vez que tiraban ceniza a los vecinos y los aspergiaban con un hisopo.
En Oencia por carnaval se pone el palo do antroido: en lo alto de un palo, que recuerda el mayo, se coloca el Santo de Carnaval. Consiste en un muñeco de paja vestido de hombre que se quema el martes de carnaval al final de la fiesta.
Pero con ser interesantes y mágicos los ritos del martes de carnaval, aún lo son mas las curiosas celebraciones que tienen por protagonista la luna de carnaval. Esta es, obviamente, el plenilunio anterior a la fiesta del carnaval. En Oencia se denominaba luna de enero y durante ella los mozos protagonizaban una sonora cencerrada. Originariamente, al parecer, en Burbia se celebraba el carnaval de maranfallo, en el que la gente se disfraza de maneras grotescas y tira cernada a las mujeres bajo las faldas y a los hombres a la pernada, coincidiendo precisamente con el plenilunio.
El origen de estas celebraciones de la luna del carnaval hay que buscarlo, sin duda, en el hecho de que el carnaval este condicionado por la Pascua, que es una fiesta móvil de carácter lunar: la Iglesia fija su fecha el domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de marzo.
Hubiese sido fácil estructurar este fascículo siguiendo cronologicamente las fiestas litúrgicas en las que el hombre continúa encontrándose con elementos mágicos antiguos. Pero el espacio no lo ha permitido. De manera que hemos optado por ceñirnos a cuatro momentos específicos: el carnaval, los mayos, la noche de San Juan y la truena. A ellos seguirá, para terminar, un somero repaso a fechas como el día de Todos los Santos, la Nochebuena, o la noche de las trastadas. Juzgue el lector si en ellos hay magia, embrujo, hechizo o embeleso.
Me gustaría dejar constancia de que buena parte de las fiestas, dichos y ritos que se hallan recogidas en abundantes y buenas publicaciones sobre la comarca –de las que obviamente quedara constancia en la bibliografía utilizada para estas paginas– así como de las que he conocido a través de informantes, se han perdido probablemente para siempre al desaparecer las formas de vida en que se sustentaban. Por ultimo, tenga en cuenta el lector que en este trabajo y, por razones obvias, solamente hablaremos del Bierzo rural.
CARNAVAL, ANTRODIO, ENTRUIDO, ANTRUEJO
De sobra conocidas son las diversas interpretaciones que se han hecho y continúan realizándose sobre el carnaval. Para empezar, hay que hacer referencia a las diversas formas que en el Bierzo existen para denominar a los tres días que preceden a la cuaresma: carnaval, antroido, entruido, o antruejo. Todas ellas se refieren a una alegre y descocada tradición en la que, simplificando mucho, se podrían señalar dos características comunes a toda la comarca: en primer lugar, las mascaras y disfraces. En segundo lugar, el hecho de que el martes de carnaval se coma el botillo (en algunos pueblos se comía ya el día conocido como domingo gordo) en un hartazgo inmediatamente olvidado por el rigor del ayuno y la abstinencia que exige la cuaresma.
En Castropodame, el martes de carnaval la gente se disfrazaba, se ponía sombreros y se tiznaba la cara o se tapaba con mascaras que hacían de cartón. Montaban a un mozo en un burro y le rellenaban las ropas con pajas y recorrían las calles con música de tamboril, dulzaina, panderetas, flautas. En Villavieja del Castillo también revestían a un hombre con paja y le denominaban entruido. Los demos se disfrazaban con la peor ropa que tenían y hacían ruido con cencerros a la vez que tiraban ceniza a los vecinos y los aspergiaban con un hisopo.
En Oencia por carnaval se pone el palo do antroido: en lo alto de un palo, que recuerda el mayo, se coloca el Santo de Carnaval. Consiste en un muñeco de paja vestido de hombre que se quema el martes de carnaval al final de la fiesta.
Pero con ser interesantes y mágicos los ritos del martes de carnaval, aún lo son mas las curiosas celebraciones que tienen por protagonista la luna de carnaval. Esta es, obviamente, el plenilunio anterior a la fiesta del carnaval. En Oencia se denominaba luna de enero y durante ella los mozos protagonizaban una sonora cencerrada. Originariamente, al parecer, en Burbia se celebraba el carnaval de maranfallo, en el que la gente se disfraza de maneras grotescas y tira cernada a las mujeres bajo las faldas y a los hombres a la pernada, coincidiendo precisamente con el plenilunio.
El origen de estas celebraciones de la luna del carnaval hay que buscarlo, sin duda, en el hecho de que el carnaval este condicionado por la Pascua, que es una fiesta móvil de carácter lunar: la Iglesia fija su fecha el domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de marzo.