MANZANEDA DE OMAÑA: El Campo de las Danzas...

El Campo de las Danzas
Se conoce con este nombre a una zona situada en las cercanías de Ponferrada. El nombre proviene de una antigua costumbre religiosa desaparecida ya que se celebraba todos los años con motivo de la festividad de la Virgen de la Guiana, imagen que perteneció al monasterio de San Pedro de Montes. Dicha costumbre, nos dice Julián Sanz Martínez, consistía en subir a la Virgen desde el pueblo hasta la cumbre de la Guiana para depositarla en una ermita que hay en el monte. Terminada la procesión y la fiesta religiosa que se celebraba en dicha ermita, los vecinos de los pueblos del contorno –San Pedro de Montes, San Adrián de Valdueza y Ferradillo bajaban al Campo de las Danzas “para dedicarse a cosas profanas”. Allí, tras la comida, regada con abundancia de vino, se comenzaba a danzar al son de pitos y panderos hasta bien entrada la noche que se iluminaba con hogueras. Este fenómeno lo interpreta Sanz Martínez como un vestigio de las viejas danzas ancestrales relacionadas con alguna deidad pagana que mas tarde sería cristianizada por la Iglesia, tal como sucede en otros muchos casos. También se cuenta que este lugar era elegido por las bruxas bercianas para celebrar el aquelarre.
defensa y remedios contra las brujas
La sabiduría popular siempre ha tratado de valerse de ciertos objetos y procedimientos para preservarse o, en el peor de los casos, contrarrestar el efecto negativo y perjudicial de las brujas. También se han valido de la palabra, mediante el conjuro, o de determinados objetos religiosos, entre los que aparecen las reliquias de determinados santos, a modo de profiláctico, para paliar los aojamientos y hechizos brujeriles.
Pero antes que nada había que saber quienes eran brujas y quienes no lo eran. Por ello se diseñaron una serie de procedimientos a fin de poder identificarlas claramente y sin ningún genero de duda.
La creencia generalizada afirma que cuando al final de la misma el cura se le olvida cerrar el misal, las brujas que se encuentren en el interior de la iglesia no podrán salir de ella hasta que alguien lo cierre.
Algo parecido a lo anterior sucede en los pueblos bercianos –afirma Manuel Rodríguez– cuando durante la misa alguien echa en la pila del agua bendita una piedra, ya que hasta que el propio sacerdote no la retire de dicho lugar, todas las brujas que en ese momento se encuentren en el interior del templo no lo podrán abandonar. El mismo efecto se producía si el cura al final del oficio religioso dejaba el misal al lado izquierdo.
Las defensas con objetos sagrados
Se basan en que los ataques de las brujas, siervas del Diablo, pueden ser contrarrestados por la omnipotente fuerza de Dios transmitida o reflejada en los objetos sagrados.
Costumbre muy arraigada en los pueblos del Bierzo y, en general, en toda la provincia leonesa, era el pintar cruces en las puertas de las viviendas y establos. Pero tal vez la cruz con mayor poder contra las brujas, según la sabiduría popular, sea la Cruz de Caravaca, como hemos visto anteriormente.
Otra de las defensas sagradas consiste en colocar ramos de loureiro (laurel) bendecidos en la misa del Domingo de Ramos en los establos, a fin de preservar al ganado de la acción dañosa de las brujas. Además están los amuletos, ya vistos en otro capitulo anterior: figa de azabache, cuernos de coral rojo, piedra de la leche, cédulas benditas o nóminas, etc., etc.
Los fumazos y sahumerios
Otra de las formas de combatir las artes maléficas de las brujas era el fumazo o sahumerio, basado en la antigua creencia de que el humo de ciertas substancias purifica o limpia de impurezas. Los elementos que se utilizan en los fumazos, casi todas ellas de olor repugnante y nauseabundo, pretendían contrarrestar el efecto negativo del mal de ojo en la arcaica creencia de que “el mal se combate con el mal”. De esta forma dichas substancias pestilentes se quemaban antaño a la puerta de las casas y de las cuadras del ganado en caldero de cobre, a fin de que el humo que desprendía ahuyentase el efecto negativo de las brujas.
En Villar de las Traviesas se afumaba a las gentes para evitarles los efectos del aojamiento quemando ramos de laurel bendecidos en la iglesia el Domingo de Ramos.
Los pastores bercianos salían a recoger cada mañana de San Juan ciertas hierbas aromáticas empapadas aún de rocío. Al atardecer de ese mismo día quemaban dichas plantas mezcladas con azufre o cuernos de cabra, mientras que lanzaban el siguiente conjuro: