MANZANEDA DE OMAÑA: La relación de las brujas con la leche, ya sea apoderándose...

La relación de las brujas con la leche, ya sea apoderándose de ella o estropeándola, explican algunos autores, como es el caso de Marino Ferro, es porque la leche es blanca, color asociado con la pureza y con el Bien, siendo además un elemento nutritivo de primera necesidad. Por tal motivo dejar sin leche a personas o animales significaría matarlas. De esta forma las crías muertas estarían a disposición plena de las brujas.
Otra de las habilidades mas comunes que se les atribuye, además de las ya descritas, es la del vuelo que hacen para acudir a los aquelarres o reuniones brujeriles. Para poder acudir a estas reuniones habrán de embadurnarse ciertas partes del cuerpo –muñecas, axilas y cuello– con unos ungüentos o electuarios elaborados con sustancias todas ellas alucinógenas: acónito, belladona, cicuta, ruda, fumaria, jusquiama, eneldo, opio, etc. Estos ingredientes se mezclaban con enjundia (grasa) de gallina o de gato negros y en ocasiones humana, concretamente de niño, a fin de dar al preparado consistencia de bálsamo. No obstante, este tipo de vuelo se entendía más como extracorpóreo o astral que físico.
aquelarres o conventículos y misas negras
Otro de los oficios brujeriles consiste, como hemos visto, en reuniones que en ciertas fechas clave celebraban las brujas: son los aquelarres, palabra de origen vasco que se compone de “aker” (macho cabrío) y “larre” (prado). Es decir, alude dicho significado al campo, como lugar donde se lleva a cabo la reunión y macho cabrío, que suele ser la forma que adopta el Diablo para presidir dicho acto.
A través de la historia y en cada cultura se han venido denominando a este tipo de rituales con claro matiz sexual de otras muchas formas. Así Fray Lope Barrientos en el siglo XVI las denomina conventículos; frecuentemente se les cita como sabbats, aludiendo a la famosa fiesta judía que se celebra los viernes por la noche. En nuestros pueblos es muy frecuente encontrar testimonios donde se denominan arenales.
Para hacer la reunión o arenal se suele elegir un lugar apartado de la aldea. Las fechas proclives para estas celebraciones de tipo orgiástico suelen ser los viernes a media noche, prolongándose hasta el amanecer del sábado. También se celebran la noche de San Juan, festividad pagana del solsticio de verano. A tales reuniones acudía el Maligno que adoptaba determinadas formas, siendo la más frecuente la ya descrita de macho cabrío.
El acto, en sí trata de reflejar por todos los medios una ceremonia totalmente opuesta a la misa cristiana. Suele comenzar besando el diablo en su orificio posterior a todas las concurrentes. Los tratados antiguos, como es el caso del Malleus maleficarum, nos muestran como las brujas van relatando a su Señor de las Tinieblas las maldades que han comedido entre las gentes piadosas desde la última reunión celebrada. El Diablo, orgulloso de tales hazañas, manda degollar un animal, generalmente un cordero o gallina negros, mientras las asistentes beben su sangre caliente en unos cuencos destinados al efecto. Seguidamente comienza una danza desenfrenada que desemboca en una verdadera orgía sexual entre todos los asistentes ya que frecuentemente acuden también meigos a estas reuniones. Actualmente han desembocado este tipo de aquelarres en las misas negras.
En Albares de la Ribera se contaba en los antiguos filandones que las brujas solían hacer el aquelarre en un pago situado a las afueras del pueblo que se conocía como fuente del Cubillo, por lo que las gentes de bien se cuidaban mucho de pasar por aquel lugar durante la noche.
En Caboalles de Arriba existe un valle denominado Veiga del palo. Hacia la mitad de dicho valle se encuentra una fuente llamada “de las brujas” que ya en el siglo XVIII cita el Conde de Toreno en sus discursos pronunciados en la Real Sociedad de Oviedo.
Pues bien, dicho lugar antaño era frecuentado por las brujas que realizaban allí sus conventículos o aquelarres. Se reunían, en este caso, los días 30 de abril de cada año, festividad de San Felipe, a las doce de la noche. Para acudir a su cita se embadurnaban el cuerpo con sus electuarios diabólicos y pronunciaban el siguiente conjuro antes de salir volando: