Los hechos se repitieron varios días mas y el anciano decidió investigar el caso.
Cada noche recorría los alrededores de la casa tratando de dar con el ladronzuelo. Una de esas noches escucho un misterioso ruido dentro de la vivienda que le puso en alerta. Se situó al lado de la gatera y esperó a que saliera el causante de aquel ruido. De repente un bulto negro atravesó el agujero de la puerta y el hombre lo atrapó ágilmente con un saco. Golpeó una y otra vez el fardel contra el suelo pensado que se trataba de alguna alimaña, pero quedo sorprendido al oír una voz que salía del saco y gritaba: “ ¡No me golpees más, tío Barrigas, que no lo volveré a hacer nunca!”. Por lo visto era la tía Pardala, que siendo bruja hacía incursiones por ]as noches en las casas del vecindario, bajo la forma de gato negro, para practicar en ellas alguna barrabasada”.
En otros casos como el siguiente, las bruxas, como se las denomina en el Bierzo, optan por convertirse en otro tipo de animales, como es el caso del carnero. Este tipo de metamorfosis también abunda en otros muchos puntos de la provincia leonesa, así como en Galicia:
“Yendo un hombre con su ganado hacia Valdelouro –cuenta Manuel Rodríguez– se le apareció una guapa mujer que, tras preguntarle hacia donde se dirigía con sus reses y aquél responderle, la mujer, que era bruxa, le advirtió que cambiase su itinerario pues le auguraba una desgracia. Haciendo caso omiso el ganadero fue por donde no tenia que ir y le salió un carnero negro que comenzó a espantarle las vacas. Cuando el hombre quiso aproximársele para golpearle con un palo, el carnero desapareció dejando una gran humareda.
El hechizo del “mal de ojo”
Una de las antes mas peculiares de las bruxas es el poder de echar el mal de ollo a sus victimas.
Se entiende por tal la acción dañosa que las brujas ejercen por medio de su “mal mirar” a las personas que envidian o les han causado algún daño. A este respecto afirma fray Martín de Castañeda en el siglo XVI que el “mal de ojo” no es precisamente una hechicería sino mas bien el producto de una disposición corporal del que mira a otra persona. Esto sucede porque cuando, particularmente los niños, reciben el aojamiento es porque muchas personas lanzan con sus miradas las impurezas y suciedades mas fútiles del cuerpo, que tienen efectos venenosos.
Por ello las madres procuraban guardar a sus hijos de las miradas y trato con viejas solteronas, pues, al parecer, son las que mayormente producen tales impurezas. Por su parte el marques de Villena definía este fenómeno como “vileza del espíritu visible, inexpresión de más lejos y difusión”.
Muchas veces el efecto negativo que causa el “mal de ojo” en la víctima es más bien su predisposición aprensiva o sugestiva sobre quien se sospecha es bruja. Algunos autores explican el “mal de ojo” desde el aspecto puramente parapsicológico como una especie de vampirismo psíquico que ciertas personas de avanzada edad practican sobre otras más jóvenes; tal vez en el deseo de autosupervivencia aprovechando el aura que envuelve a los cuerpos jóvenes.
Sobre este particular cuenta Alonso Ponga que en Ponferrada había una mujer, la tía Jesusona, que tenía fama de echar el “mal de ojo”. Vivía sola y su pasado era misterioso. Mientras los niños la observaban con recelo, los mayores la miraban con descaro, pues decían que “cuando una persona te mira con malos ojos, si la aguantas la mirada, entonces todo el mal que te manda vuelve hacia ella, vuelve a donde salió, causando el daño a quien produce el mal.
En una ocasión, nos relata Manuel Rodríguez, “venía la tía Maria de ordeñar la única vaca que daba leche. Al mismo salir de la cuadra con et puchero se le acercó una mujer diciéndole que le tenía que vender la leche. Ella se negó porque lo necesitaba para la cena. Al llegar a la cocina comprobaron todos los de la casa cómo en el puchero de ordeñar no había leche sino sangre”.
Cada noche recorría los alrededores de la casa tratando de dar con el ladronzuelo. Una de esas noches escucho un misterioso ruido dentro de la vivienda que le puso en alerta. Se situó al lado de la gatera y esperó a que saliera el causante de aquel ruido. De repente un bulto negro atravesó el agujero de la puerta y el hombre lo atrapó ágilmente con un saco. Golpeó una y otra vez el fardel contra el suelo pensado que se trataba de alguna alimaña, pero quedo sorprendido al oír una voz que salía del saco y gritaba: “ ¡No me golpees más, tío Barrigas, que no lo volveré a hacer nunca!”. Por lo visto era la tía Pardala, que siendo bruja hacía incursiones por ]as noches en las casas del vecindario, bajo la forma de gato negro, para practicar en ellas alguna barrabasada”.
En otros casos como el siguiente, las bruxas, como se las denomina en el Bierzo, optan por convertirse en otro tipo de animales, como es el caso del carnero. Este tipo de metamorfosis también abunda en otros muchos puntos de la provincia leonesa, así como en Galicia:
“Yendo un hombre con su ganado hacia Valdelouro –cuenta Manuel Rodríguez– se le apareció una guapa mujer que, tras preguntarle hacia donde se dirigía con sus reses y aquél responderle, la mujer, que era bruxa, le advirtió que cambiase su itinerario pues le auguraba una desgracia. Haciendo caso omiso el ganadero fue por donde no tenia que ir y le salió un carnero negro que comenzó a espantarle las vacas. Cuando el hombre quiso aproximársele para golpearle con un palo, el carnero desapareció dejando una gran humareda.
El hechizo del “mal de ojo”
Una de las antes mas peculiares de las bruxas es el poder de echar el mal de ollo a sus victimas.
Se entiende por tal la acción dañosa que las brujas ejercen por medio de su “mal mirar” a las personas que envidian o les han causado algún daño. A este respecto afirma fray Martín de Castañeda en el siglo XVI que el “mal de ojo” no es precisamente una hechicería sino mas bien el producto de una disposición corporal del que mira a otra persona. Esto sucede porque cuando, particularmente los niños, reciben el aojamiento es porque muchas personas lanzan con sus miradas las impurezas y suciedades mas fútiles del cuerpo, que tienen efectos venenosos.
Por ello las madres procuraban guardar a sus hijos de las miradas y trato con viejas solteronas, pues, al parecer, son las que mayormente producen tales impurezas. Por su parte el marques de Villena definía este fenómeno como “vileza del espíritu visible, inexpresión de más lejos y difusión”.
Muchas veces el efecto negativo que causa el “mal de ojo” en la víctima es más bien su predisposición aprensiva o sugestiva sobre quien se sospecha es bruja. Algunos autores explican el “mal de ojo” desde el aspecto puramente parapsicológico como una especie de vampirismo psíquico que ciertas personas de avanzada edad practican sobre otras más jóvenes; tal vez en el deseo de autosupervivencia aprovechando el aura que envuelve a los cuerpos jóvenes.
Sobre este particular cuenta Alonso Ponga que en Ponferrada había una mujer, la tía Jesusona, que tenía fama de echar el “mal de ojo”. Vivía sola y su pasado era misterioso. Mientras los niños la observaban con recelo, los mayores la miraban con descaro, pues decían que “cuando una persona te mira con malos ojos, si la aguantas la mirada, entonces todo el mal que te manda vuelve hacia ella, vuelve a donde salió, causando el daño a quien produce el mal.
En una ocasión, nos relata Manuel Rodríguez, “venía la tía Maria de ordeñar la única vaca que daba leche. Al mismo salir de la cuadra con et puchero se le acercó una mujer diciéndole que le tenía que vender la leche. Ella se negó porque lo necesitaba para la cena. Al llegar a la cocina comprobaron todos los de la casa cómo en el puchero de ordeñar no había leche sino sangre”.