MANZANEDA DE OMAÑA: UNA NUEVA VIDA, UNOS NUEVOS AIRES...

UNA NUEVA VIDA, UNOS NUEVOS AIRES
La utopía de la paz y la soledad pocas veces se hace realidad

Muchos pueblos leoneses abandonados han querido ser repoblados con escaso éxito, salvo Matavenero

El poblado de Matavenero, una de las pocas experiencias de recuperación que ha cuajado. M. A. R.

Fulgencio Fernández / León
El pasado lunes publicaba nuestra compañera Toñi Reinares un precioso reportaje en el que nos contaba como un albañil en paro, Antonio Santos, y su hijo se habían instalado en Prada de la Sierra, uno de tantos pueblos abandonados de nuestra provincia. “He venido buscando paz y tranquilidad”.
Detrás de una postura personal también había otra iniciativa, la Nueva Prada de la Sierra y, con ella, una nueva reencarnación de la vieja utopía de la búsqueda de la paz, la tranquilidad, la vida al aire libre... que tantas veces ha buscado el hombre y tan pocas ha logrado.

Montes de la Ermita
Son muchos los antecedentes de este tipo de iniciativas. El año 1989, por ejemplo, fue muy significativo en este aspecto. Varias iniciativas seguidas dan ejemplo de la complejidad de este tipo de ideas. Primero hubo un vecino de Palacios de Compludo, el Tío Quico, que se aferraba al sueño de que su pueblo no ‘desapareciera’, a parar la despoblación que un fuego había iniciado al calcinar el ‘barrio norte’. La realidad era tan dura como se reflejaba por aquellas mismas fechas en Bustelo, otra localidad berciana, aislada, sin agua ni luz, en la que solamente quedaban dos vecinos que bien podrían disfrutar de “una paz como no se conoce otra” y, sin embargo, la realidad era que Diutino y Mariano no se dirigían la palabra, como si no se concieran. Uno apenas podía moverse, el otro gozaba de una agilidad envidiable y, sin embargo, el segundo no le subía los alimentos que precisaba el otro, tenía que venir un coche de la Cruz Roja a traérselos.
Pocos días más tarde, en el mes de marzo, un grupo de 12 alemanes pertenecientes el movimiento Arco Iris (Rainbow) pidieron oficialmente repoblar la localidad de Montes de la Ermita, en el municipio de Igüeña. Pronto supieron la cantidad de problemas que se pueden encontrar donde parece que no existen.
Sin embargo, otro grupo vinculado a este movimiento Rainbow es el que sí ha logrado sacar adelante una de las pocas iniciativas que se han consolidado: Matavenero, también una iniciativa que se puso en marcha aquel mismo año. “Es un lugar donde desde hace tiempo mujeres y hombres tratan de vivir en armonía con el entorno natural. Motivados por la energía del movimiento Rainbow, fue aquí, entre las ruinas de un pueblo abandonado hacía treinta años, donde los primeros repobladores sembraron las semillas de un sueño de comunidad y convivencia. Mucho ha cambiado el pueblo desde aquel septiembre del 89 donde aquellos habitantes se preparaban para sobrevivir el duro y desconocidoinvierno en sus tipis”, explican los actuales habitantes, una población flotante pero siempre con vecinos que han puesto en marcha “la casa infantil y una escuela libre para los niños queresiden en el pueblo; una cocina-comedor; una panadería con horno de leña; una tienda; un pequeño bar; un centro común destinado a reuniones y asambleas; la tienda de artesanía; e incluso, se construyó un dome multicolor donde realizar encuentros y actividades variopintas”.
Otra iniciativa singular de recuperación de un pueblo, aunque diferente, es la que lleva a cabo el inclasificable Miguel Yuma en Villarbón, un pueblo abandonada en los Ancares leoneses que va arrancando del olvido y la destrucción contra viento y marea.
También él sabe de primera mano lo complicadas que resultan todas las utopías.