MANZANEDA DE OMAÑA: Tanto en las parroquias rurales como en las urbanas...

Tanto en las parroquias rurales como en las urbanas es quizás donde se dan mayores vínculos entre los feligreses, en donde, de manera más nítida, se pone de manifiesto la fuerza de la solidaridad vecinal, pues es en la parroquia donde se constituye una célula convivencial básica de la sociedad medieval leonesa, que ha pervivido claramente hasta nuestros días. El mismo principio de solidaridad impone a los parroquianos la obligación de prestarse ayuda, de apoyarse mutuamente, tal como de modo expreso se establece para los vecinos de Villafranca del Bierzo en su fuero local. Es en las comunidades rurales, mayoritarias en las diócesis de León y Astorga, en el periodo que tratamos, o en las villas urbanas que acaban de acceder a tal situación, donde la parroquia ejerce de núcleo básico y generador de vínculos solidarios -que se superponen a otros asociativos de distinto origen, corno los fundados en el parentesco, el oficio, la piedad o el ejercicio de la caridad- que se mantienen y pueden rastrearse en múltiples lugares de nuestra actual provincia, especialmente en las zonas de montaña y en comunidades campesinas del Bierzo. Los lazos de cohesión existentes en estas colectividades se reafirman de manera especial en los concejos o asambleas parroquiales, cuando, reunidos en el pórtico de la iglesia o en sus inmediaciones, los vecinos deliberan sobre asuntos de interés común, toman acuerdos que afectan a todos y en donde se regulan las ordenanzas que van a regir la vida local. Esta estructura participativa, en cierto modo "democrática", más propia de las feligresías rurales, es similar en su funcionamiento a la de las colaciones urbanas donde son frecuentes y están abundantemente documentadas en nuestra propia ciudad las reuniones por barrios o parroquias en las que se debaten problemas que en algunas ocasiones no coincide la solución a los mismos con la que aporta el concejo del conjunto de la urbe y que derivan en enfrentamientos y conflictos, resueltos, en algún caso, por el propio monarca.

Otro fenómeno de profundas raíces medievales que no sólo ha pervivido hasta nuestros días, sino que incluso ha incrementado su significación, -aunque no en la misma línea ni con los mismos objetivos- es la peregrinación por el Camino a Santiago de Compostela. Es admitido unánimemente que las llamadas infraestructuras constituyen el esqueleto básico, desde el punto de vista viario y de comunicaciones, de una región, o de un estado. En nuestro caso, el eje vertebrador que proporcionó ese esqueleto en la articulación del territorio leonés, es, sin duda, el Camino por excelencia de la Edad Media, el de Santiago.

Fue el motor de las relaciones Este-Oeste a través del conocido como Camino Francés; el que transformó la propia estructura urbana de la ciudad de León desde el siglo XI y el de tantas villas sitas en su ruta; y el que, por su desviación a San Salvador de Oviedo, estableció un eje Norte-Sur, que, continuado por la Ruta de la Plata, forma una cruz viaria en nuestra actual provincia, con León y Astorga como centros neurálgicos básicos y además lugares de encrucijada y convergencia con otros caminos menores y rutas naturales de comunicación.

Por la Ruta Jacobea leonesa han transitado desde su nacimiento en los tiempos medievales, pobres, enfermos y peregrinos; ladrones, pícaros, malhechores y vagabundos; castellanos, aragoneses y francos; clérigos y laicos; pero también poetas v juglares; influencias centroeuropeas culturales, artísticas, literarias o de fuerte contenido social. En él surgieron, al calor de la peregrinación y de la actividad mercantil y artesanal, villas como Sahagún o Mansilla, Molinaseca o Villafranca; se construyeron importantes puentes, en muchos casos con nuevas técnicas que se incorporaron al acervo técnico español; gran número de hospitales y leproserías; posaderos y hosteleros han sentado con sus posadas y mesones el inicio de una actividad turística que actualmente ocupa a un abundante número de personas de nuestra sociedad.

Si hoy día Astorga se precia de ser lugar de encuentro de Ruta (de la Plata) y Camino (de Santiago), de las dos vías económicas y culturales más importantes del norte y el occidente peninsular durante toda la Edad Media, los territorios de la actual provincia se pueden enorgullecer, creo, de estar marcados por la común raíz, la impronta y la pervivencia de estas dos rutas, una calzada más antigua, militar y romanizadora -aunque también desempeñase, un destacado papel económico corno vía de comercio norte-sur por el oeste de la Península, en relación con el oro y con la búsqueda del estaño- y un camino, fundamentalmente medieval, más religioso y de marcado cariz económico que engarza un rosario de reinos y ciudades que recibieron todos el benéfico influjo demográfico, jurídico, económico y cultural inducido por las peregrinaciones a Santiago.

Estos corredores viarios, nacidos por la protección regia y eclesiástica y desarrollados en los tiempos medievales, presentan hoy una estructura en todo similar, que las instituciones políticas siguen queriendo potenciar porque continúan siendo los ejes matrices y referenciales para conseguir un mayor impulso comercial, económico y revitalizador, en suma, de nuestra provincia.

Las actividades agrarias tuvieron siempre en León, a lo largo de toda la historia, un gran protagonismo, tanto por el volumen de ocupación como por la producción total. Trigo y lana fueron en nuestra tierra dos de los pilares de su comercio. La cabaña lanar, que ahora nos interesa, fue en constante aumento a lo largo de los tiempos medievales y ello generó la necesidad de fijar cañadas y cordeles por donde transitarán los grandes rebaños de ovejas en ruta hacia sus pastos, bien de invierno o de verano, y resolver así los múltiples conflictos entre campesinos y pastores.

La Mesta, la institución pecuaria por excelencia en nuestra historia, jugó un papel muy significativo como factor de cimentación del Estado castellano en la Baja Edad Media pues fue utilizada desde su partida de nacimiento en 1273 con Alfonso X y por los siguientes soberanos, en especial por los Reyes Católicos, para llevar a cabo una intensa unificación de tradiciones y conseguir así la unidad peninsular. Pero además contribuyó decisivamente a formar una Castilla ganadera, opuesta en cierta medida a la agrícola, que terminó por controlar las diversas rutas, caminos, cañadas y veredas que desde las montañas de León, Soria o Segovia, conducían a los grandes rebaños de ovejas merinas a la Extremadura o a los pastos del sur.

La cañada leonesa, también denominada Vizana, la más larga de las tres cañadas reales con más de 800 kms. de recorrido y cerca de un millón de cabezas en los tiempos de esplendor, y el modo de vida ganadero que trajo consigo, imbuyó a babianos y lacianiegos, a los habitantes de Luna o del alto Esla en unas costumbres, tradiciones y formas de vida que aún hoy perduran.

Trashumancia, cabaña lanar, y algunas formas culturales, como romances, folklore v determinados hábitos culinarios, claramente insertos en una vida pastoril, son señales de esa pervivencia, actualmente ya muy debilitada, que constituye parte significativa y esclarecedora de nuestra medieval "vividura" en palabras de Américo Castro.

Para concluir, parece justo aludir, aunque sea brevemente, a la gran proyección que tuvo no sólo para León sino para toda España y, en general, para la civilización occidental, en la que nos insertamos, el proceso de participación de los ciudadanos y burgueses leoneses en la vida política e institucional del Reino que se plasma en 1188, cuando asisten por vez primera a la Curia regia extraordinaria, convocada por Alfonso IX en la basílica de San Isidoro, junto con los nobles y el clero.

Sin entrar a discutir si fue el rey, recién ascendido al trono, el que introdujo a los representantes del común de las ciudades en la vieja Curia, o si fueron éstos los que por su propia fuerza económica o política lograron la entrada, lo cierto fue que este hecho permitió el nacimiento de una institución nueva, y ya ocho veces centenaria: las Cortes de León, las primeras documentadas en la Península y en toda Europa. Ellas fueron las que provocaron el inicio de la conversión de la monarquía castellano-leonesa en una monarquía parlamentaria de "perfiles democráticos", cuyas consecuencias positivas, hoy podemos contemplar.

La provincia de León.
Diputación de León.