MANZANEDA DE OMAÑA: LA FUNDICION QUINTANA...

LA FUNDICION QUINTANA

"El golpe del badajo despierta en el bronce todo un haz de sonidos: un verdadero bouquet de notas. Una sola campana es ya toda una armonía. El fundidor debe componer la partitura, es a él a quien corresponde realizar la armonización del timbre de la campana. Toda una ciencia."

Estas palabras citadas de los hijos de G. Paccard, fundición francesa entre las más importantes de Europa, sirven para introducirnos en el proceso de fabricación, recalcando nuevamente la importancia del trabajo y su protagonista: el fundidor.

La historia de la Fundición Quintana se remonta al siglo pasado y desde entonces, como es proverbial, su tradición ha ido pasando, siempre por línea paterna, de padres a hijos. Fundidores de esta familia pueden constatarse con certeza en torno a 1870, sin que esto coarte la posibilidad de extender las fechas a una época anterior. Por aquel entonces el centro de su actividad se situaba en el pueblo santanderino de Arnuero, desde el cual se desplazarían a realizar sus encargos de modo ambulante.

Creo que es este el momento propicio para extendernos un poco sobre estos primitivos artesanos, su trabajo y forma de vida que nos son esclarecidos por la peyorativa crítica que de ellos hacen las primeras fundiciones estables, más parece por el intento de deshacerse de una competencia incómoda que por el hecho de que en verdad los ambulantes tuviesen todos los defectos que se les imputan.

Un claro exponente de esta terminología es el folleto publicitario editado a principios de siglo, en Magdeburgo, por la fábrica palentina de Moisés Díez, de cuya calidad de producción sólo puede hablarse en términos elogiosos, pero que tras cantar las excelencias de su fundición arremete contra los ambulantes en los siguientes términos: "Puede apreciarse la enorme diferencia que existe entre este gran centro industrial y los talleres improvisados por los fundidores ambulantes, errantes como bohemios, completamente insolventes y técnicamente irresponsables, desprovistos de aquellos elementos precisos para asegurar un éxito constante, y evitar un fracaso de caro y difícil remedio; gente sencilla, animada de buena fe para el trabajo honrado, pero que en la mayor parte de los casos, estas buenas condiciones no dan otro resultado que un fracaso en la fundición, debido a sus escasos conocimientos, y como era natural, el que sufría más directamente las consecuencias de la fundición perdida, era el párroco que le confió el encargo, por caridad más que por convencimiento." Los ataques y acusaciones continúan menudeando a lo largo de todo el folleto, pero una lanza en favor de los denostados ambulantes es la calidad de sus viejas campanas que hoy día puede seguirse apreciando en múltiples ocasiones.

Estas gentes se desplazaban de un lugar a otro en busca de demanda y allí donde la encontraban construían el horno y procedían a elaborar la campana. Uno de ellos fue Manuel Quintana, que en uno de estos viajes llegó a la provincia de Palencia, concretamente a Villota del Páramo, donde por causa de la Guerra Civil quedó aislado de su origen santanderino, debido a la división de las zonas.

Tras la guerra, las posibilidades que para su oficio ofrecía este nuevo entorno y la formalización de una nueva situación familiar, le hicieron afincarse definitivamente en la zona con un pequeño traslado de 10 Kms. a Saldaña, donde en 1952 funda un taller en el extrarradio. La buena calidad de las arcillas de su definitiva ubicación pudo tener alguna influencia, pero parece más probable que el traslado fuese motivado por las ventajas de este pueblo como cabecera de una amplia comarca, ton mayores posibilidades de relación y con sus mercados semanales.

Por último, hace unos pocos años, sus herederos trasplantaron la fundición a una moderna nave industrial, donde el proceso de fabricación de las campanas sigue manteniéndose inalterable, pero que a la vez ha diversificado su producción hacia otros sectores afines como los relojes públicos, los carillones y las sonerías eléctricas, en un intento de mantener unos márgenes de beneficios, pues la no modernización ha sido una de las causas de la quiebra de otras industrias de este tipo.

En lo que se refiere a la fundición de campanas, Quintana es actualmente la más importante y prácticamente la última representante de esta artesanía en España.

Su importancia internacional es destacada y sus productos compiten en el mundo con los de afamadas fundiciones europeas, entre las que resaltan las campanas del fundidor inglés Taylor y las del alemán Hevéy (considerado el Stradivarius de la campana), además de las del ya citado fundidor Paccard.

Estas fundiciones extranjeras presentan una excelente calidad musical con un timbre más vibrante ya que suelen añadir en la colada una pequeña proporción de níquel.