Puede ser definida como un instrumento sonoro de percusión constituido por un cuerpo cóncavo en forma de copa invertida, que vibra por la acción de un badajo o martillo.
Su fabricación es obra de artesanos altamente especializados y no todo lo que tiene forma de campana puede ser definido como tal.
Sirva como ejemplo la pequeña anécdota que los hermanos Quintana me comentaban al respecto. Durante el gobierno del general Franco y por iniciativa del mismo, los ingenieros de los astilleros de Bazán hicieron suya la empresa de fabricar una gran campana que ni su preparación técnica ni sus innumerables cálculos pudieron hacer lo suficientemente sonora ni resistente. Su padre, Manuel Quintana, sería el último y eficiente recurso en tal empeño. Estos hechos, narrados con orgullo por sus hijos, vienen a demostrar que existen actividades humanas en las que la técnica ha de inclinarse ante la experiencia de un simple artesano.
La campana surge como tal en el proceso denominado "fundición", que por extensión ha pasado a dar nombre al lugar en el cual se fabrica y al que nos referiremos más tarde al hablar de la Fundición Quintana.
Primeramente apuntaremos algunos aspectos históricos, sin dejar de reconocer la parquedad y la parcialidad de los datos, pues se refieren exclusivamente a Europa y además no he podido llegar a las fuentes originales en las que se basan las notas que yo he recogido. Hecha la advertencia, puede establecerse una íntima relación de la campana con la Iglesia, en la que juega un papel importante dentro de todas sus celebraciones. Sin embargo parece ser que ya anteriormente, en la Roma pagana, existían pequeñas campanas que servían para anunciar acontecimientos tan diversos como la apertura de los baños públicos, los eclipses, las fiestas, etc.; y que coexistirían con otros medios acústicos como las trompetas, matracas, tablas o simples láminas de metal que se golpeaban con un martillo.
En principio se fundieron en hierro, pero pronto pasaron a ser de bronce y enriquecidas con elementos decorativos.
La campana con forma más o menos semejante a la actual aparece a partir del siglo VI y no sólo en las iglesias sino también en los edificios civiles y su finalidad era anunciar al pueblo las celebraciones religiosas o municipales.
En los templos cristianos su introducción se debe para unos a San Paulino de Nola, muerto en el 430, creencia ésta que se ve reforzada por el hecho de que en los primeros tiempos se llamaron "nolanas", y así en Campania se denominaba "Nolae" a las campanillas y "Campanae" a las demás campanas. Pero todo esto se asienta más en el campo de las hipótesis que en el de las certidumbres, al igual que la pretensión de otro sector de atribuir su introducción al Papa Sabiniano, personaje a caballo de los siglos V y VI.
Sea como fuere el hecho es que se encuentra en Francia en el siglo VII, en Inglaterra se adoptan en el 960 y en Suiza en el 1002. En la que respecta a Oriente parece ser que no se empieza a usarlas hasta el 871. En España se conserva en la catedral de León una campana del siglo VIII y existe otra del siglo IX en el Museo Arqueológico de Córdoba. Por el tamaño de la primera de éstas, 100 Kgs., grande para aquella época, puede deducirse la existencia de otras anteriores de menor tamaño hoy desaparecidas.
Las dedicatorias impresas empiezan a aparecer a partir del siglo XII y hacen referencia a aspectos como la fecha de fundición, el papado correspondiente, los donantes, las efemérides, etc.
Ya en el siglo XVI existen una serie de disposiciones de los Concilios referentes a la utilización de las campanas. Así en el de Toulouse se prohíbe su uso en las iglesias sin previa bendición del obispo, y en los de Bourges (1584), Aix (1585) y Toulouse (1590) se prohíbe utilizar campanas benditas para otros fines que los religiosos, si bien más tarde el obispo podía consentirlo para fines profanos en caso de necesidad.
En general hasta el siglo XVIII y en bastantes casos hasta casi nuestros días, las campanas fueron obra de artesanos especializados, monjes o laicos, que viajaban de ciudad en ciudad en busca de encargos y se transmitían el arte de fundir de padres a hijos, constante que aún sigue manteniéndose en esta actividad.
Las campanas pueden tener los más diversos tamaños, y como curiosidad puede citarse que en la actualidad la mayor del mundo es la del Kremlin de Moscú, la famosa "Zar Kolikoi", fundida en 1733 y que pasa de los 160.000 kilogramos, tiene un diámetro de 6,38 m. y una altura de 6,1 m. En España destaca la de la catedral de Toledo, refundida en 1753, con un peso de 17.800 Kgs.
Fuera del contexto religioso propiamente dicho, la tradición popular ha dado origen a múltiples creencias y supersticiones en torno a las campanas, aspecto éste que puede constatarse con algunos ejemplos más claramente perceptibles en el ámbito rural.
Así hasta hace poco tiempo, en algunos lugares, la caza simbólica de brujas se desarrollaba al son de las campanas, supervivencia quizás de la antigua creencia pagana de expulsar los espíritus del mal por medio de panderetas y otros objetos musicales. Hoy todavía, en algunas comunidades campesinas, se considera que el sonido de la campana es útil para alejar el nublado, dependiendo su efectividad de la habilidad del campanero. También la diferencia de sonidos da origen a curiosas costumbres como la indicación del sexo de los recién nacidos.
Para terminar con estos ejemplos sólo resta recalcar que desde el campanario, las campanas han servido para algo más que la simple invitación religiosa y en este sentido yo mismo puedo recordar otras funciones como la de invocadora de la solidaridad en los momentos de incendio y de ordenadora del ritmo de la vida rural, indicando las horas de abrevar al ganado y otras actividades propias del campo.
Hoy la campana ha perdido parte de ese encanto tradicional, pero aún su sonido vibrante es capaz de insinuarnos el misterio de lo pasado.
Su fabricación es obra de artesanos altamente especializados y no todo lo que tiene forma de campana puede ser definido como tal.
Sirva como ejemplo la pequeña anécdota que los hermanos Quintana me comentaban al respecto. Durante el gobierno del general Franco y por iniciativa del mismo, los ingenieros de los astilleros de Bazán hicieron suya la empresa de fabricar una gran campana que ni su preparación técnica ni sus innumerables cálculos pudieron hacer lo suficientemente sonora ni resistente. Su padre, Manuel Quintana, sería el último y eficiente recurso en tal empeño. Estos hechos, narrados con orgullo por sus hijos, vienen a demostrar que existen actividades humanas en las que la técnica ha de inclinarse ante la experiencia de un simple artesano.
La campana surge como tal en el proceso denominado "fundición", que por extensión ha pasado a dar nombre al lugar en el cual se fabrica y al que nos referiremos más tarde al hablar de la Fundición Quintana.
Primeramente apuntaremos algunos aspectos históricos, sin dejar de reconocer la parquedad y la parcialidad de los datos, pues se refieren exclusivamente a Europa y además no he podido llegar a las fuentes originales en las que se basan las notas que yo he recogido. Hecha la advertencia, puede establecerse una íntima relación de la campana con la Iglesia, en la que juega un papel importante dentro de todas sus celebraciones. Sin embargo parece ser que ya anteriormente, en la Roma pagana, existían pequeñas campanas que servían para anunciar acontecimientos tan diversos como la apertura de los baños públicos, los eclipses, las fiestas, etc.; y que coexistirían con otros medios acústicos como las trompetas, matracas, tablas o simples láminas de metal que se golpeaban con un martillo.
En principio se fundieron en hierro, pero pronto pasaron a ser de bronce y enriquecidas con elementos decorativos.
La campana con forma más o menos semejante a la actual aparece a partir del siglo VI y no sólo en las iglesias sino también en los edificios civiles y su finalidad era anunciar al pueblo las celebraciones religiosas o municipales.
En los templos cristianos su introducción se debe para unos a San Paulino de Nola, muerto en el 430, creencia ésta que se ve reforzada por el hecho de que en los primeros tiempos se llamaron "nolanas", y así en Campania se denominaba "Nolae" a las campanillas y "Campanae" a las demás campanas. Pero todo esto se asienta más en el campo de las hipótesis que en el de las certidumbres, al igual que la pretensión de otro sector de atribuir su introducción al Papa Sabiniano, personaje a caballo de los siglos V y VI.
Sea como fuere el hecho es que se encuentra en Francia en el siglo VII, en Inglaterra se adoptan en el 960 y en Suiza en el 1002. En la que respecta a Oriente parece ser que no se empieza a usarlas hasta el 871. En España se conserva en la catedral de León una campana del siglo VIII y existe otra del siglo IX en el Museo Arqueológico de Córdoba. Por el tamaño de la primera de éstas, 100 Kgs., grande para aquella época, puede deducirse la existencia de otras anteriores de menor tamaño hoy desaparecidas.
Las dedicatorias impresas empiezan a aparecer a partir del siglo XII y hacen referencia a aspectos como la fecha de fundición, el papado correspondiente, los donantes, las efemérides, etc.
Ya en el siglo XVI existen una serie de disposiciones de los Concilios referentes a la utilización de las campanas. Así en el de Toulouse se prohíbe su uso en las iglesias sin previa bendición del obispo, y en los de Bourges (1584), Aix (1585) y Toulouse (1590) se prohíbe utilizar campanas benditas para otros fines que los religiosos, si bien más tarde el obispo podía consentirlo para fines profanos en caso de necesidad.
En general hasta el siglo XVIII y en bastantes casos hasta casi nuestros días, las campanas fueron obra de artesanos especializados, monjes o laicos, que viajaban de ciudad en ciudad en busca de encargos y se transmitían el arte de fundir de padres a hijos, constante que aún sigue manteniéndose en esta actividad.
Las campanas pueden tener los más diversos tamaños, y como curiosidad puede citarse que en la actualidad la mayor del mundo es la del Kremlin de Moscú, la famosa "Zar Kolikoi", fundida en 1733 y que pasa de los 160.000 kilogramos, tiene un diámetro de 6,38 m. y una altura de 6,1 m. En España destaca la de la catedral de Toledo, refundida en 1753, con un peso de 17.800 Kgs.
Fuera del contexto religioso propiamente dicho, la tradición popular ha dado origen a múltiples creencias y supersticiones en torno a las campanas, aspecto éste que puede constatarse con algunos ejemplos más claramente perceptibles en el ámbito rural.
Así hasta hace poco tiempo, en algunos lugares, la caza simbólica de brujas se desarrollaba al son de las campanas, supervivencia quizás de la antigua creencia pagana de expulsar los espíritus del mal por medio de panderetas y otros objetos musicales. Hoy todavía, en algunas comunidades campesinas, se considera que el sonido de la campana es útil para alejar el nublado, dependiendo su efectividad de la habilidad del campanero. También la diferencia de sonidos da origen a curiosas costumbres como la indicación del sexo de los recién nacidos.
Para terminar con estos ejemplos sólo resta recalcar que desde el campanario, las campanas han servido para algo más que la simple invitación religiosa y en este sentido yo mismo puedo recordar otras funciones como la de invocadora de la solidaridad en los momentos de incendio y de ordenadora del ritmo de la vida rural, indicando las horas de abrevar al ganado y otras actividades propias del campo.
Hoy la campana ha perdido parte de ese encanto tradicional, pero aún su sonido vibrante es capaz de insinuarnos el misterio de lo pasado.