MANZANEDA DE OMAÑA: Uno de los grandes enigmas de la Humanidad es conocer...

Uno de los grandes enigmas de la Humanidad es conocer que sucede cuando cruzamos esa fina línea que separa la vida de la muerte. La gran mayoría de las culturas del planeta han creído o creen en la existencia de un más allá, donde reposan aquellos que atravesaron la ultima frontera. Sin embargo el destino puede ser diferente dependiendo del comportamiento en el mundo carnal. La mayoría de las religiones proponen dos destinos: el cielo y el infierno. Incluso algunas como la Católica y el Islam (no piensan lo mismo los ortodoxos y los protestantes) hablan de un emplazamiento intermedio, un lugar de limpieza y expiación donde, después de su muerte, las personas que han muerto sin pecado mortal, pero que han cometido pecados leves en su vida, tienen que limpiar esas culpas para poder alcanzar el cielo. Ese lugar se conoce en el mundo católico como Purgatorio. Y según aseguran los teólogos, se puede acortar la estancia en ese lugar, si los que pertenecemos al mundo de los vivos ponemos en práctica plegarias y oraciones por aquellos que pasaron a 'mejor vida'. Estas creencias se recogen como 'el culto a los difuntos' y es justamente el próximo mes de noviembre, donde los difuntos están en el pensamiento de los vivos más que en otra época del año.
Existen tradiciones ancestrales en nuestra región que albergan insólitas costumbres del culto a los muertos, como es el caso del extraño ritual que se celebra en el bello municipio salmantino de La Alberca.
Rituales de difuntos
Todos los días del año cuando las sombras de la noche vencen a la luz del día, se escucha un sonido bien conocido por los albercanos. Es una campanilla, llamada esquila y que es tañida por la moza de ánimas. Llueva, nieve, haga frío o calor, desde mediados del siglo XVI las mujeres de la localidad de la sierra salmantina recuerdan a los difuntos en un ritual único y que sobrecoge al espectador que lo presencia por primera vez.
La moza de ánimas va realizando un itinerario fijo que recorre gran parte de la localidad y que dura aproximadamente 30 minutos. En algunos puntos señalados y justo en las esquinas, se detiene y tras dar tres toques con la esquila, llama al rezo por los difuntos, pronunciando esta plegaria: «Fieles cristianos /acordémonos de las benditas almas del purgatorio / con un Padre Nuestro y un Avemaría /por el amor de Dios. Da otros tres repiques con la campanilla y continúa con la salmodia: Otro Padre Nuestro y otro Avemaría / por los que están en pecado mortal /para que su Divina Majestad /los saque de tan miserable estado». Hace sonar la esquila por última vez dando otros tres toques y continúa sin dejar de rezar, hasta completar el recorrido, mientras sus convecinos ruegan, dentro de sus hogares en recuerdo de sus difuntos. Esta inaudita procesión finaliza en un tétrico lugar, un antiguo osario alojado en un hueco situado en la fachada exterior de la Iglesia. Protegidas por un enrejado el visitante puede observar dos calaveras, unos candiles y un cirio, que siempre permanece encendido a modo de luz para guiar aquellos que se encuentran en el Inframundo. Una tradición ancestral que se ha mantenido intacta gracias a la labor de los albercanos en preservar el insólito ritual. Actualmente 12 mozas de ánimas se reparten la labor anual, un mes cada una, como señal de agradecimiento a peticiones concedidas, movidas por alguna promesa o simplemente por devoción. Sin embargo, este calendario puede modificarse en el caso de enfermedad de una de las mozas o bien por que alguien realice una promesa.
Procesiones espectrales
Esta historia de la España más ancestral, recuerda lo sagrado y el respeto que se tiene en esta localidad salmantina sobre el culto a los difuntos. De hecho no es el único ritual que mantiene el pueblo para recordar a los muertos. El escritor albercano José Luís Puerto recoge en su excelente libro: 'La Sierra de Francia', otra insólita tradición: «Todos los domingos y días de fiesta, el animero (un hombre encargado de ello) recorre el interior de la iglesia durante la misa, en el momento del ofertorio, y va pidiendo con la caja al tiempo que dice cada poco en voz alta: « ¡Ánimas Benditas; Ánimas Benditas!»; la caja es redonda, de madera, a modo de cuencos uno encima del otro, rematados ambos por una placa metálica con la representación de las Ánimas en el purgatorio en una cara y el escudo del Carmen en la otra, y por una cruz en su parte superior; los asistentes le echan bien dinero en un cuenco o bien huevos que lleva a la iglesia, en el otro; todo lo recogido se destina para el culto a las Ánimas».
Además el estudioso albercano se hace eco de otra sorprendente 'procesión'. Asegura que: «el primer viernes de cada mes, a altas horas de la madrugada, un grupo bien nutrido de mujeres albercanas recorre el pueblo rezando en voz baja por las Ánimas Benditas; sólo se escuchan los susurros de sus oraciones y el toque de la esquila en cada bocacalle. Cualquiera que observe esta 'santa compaña' nocturna quedará vivamente impresionado, creyendo que pertenece a otro mundo».