MANZANEDA DE OMAÑA: Las linares...

Las linares

El nombre de las linares es como un eco de aquel cultivo del lino en las vegas de los ríos leoneses. Así siguen llamando en muchos pueblos a esas ricas tierras de regadío, donde antes, cada verano, florecía el lino. Aún tengo muy presente en el recuerdo las faenas de la recolección del lino en la Cabrera: en el mes de septiembre las plantas se arrancaban y se dejaban secar sobre la misma tierra; una vez secas, se recogían en manojos o mañizos y se llevaban a la era. Allí, en el ripio, banco de madera provisto de dos peines, se separaba la baga o semilla del resto de la planta. Esta baga se extendía en el suelo para que, al secarse, saliesen los granos de linaza. Los tallos, agrupados en manojos, se llevaban a empozar en lugares apropiados, junto al río. Transcurridos diez o quince días, se sacaba el lino del agua y se ponía a secar. Luego se majaba con un mazo de madera sobre una piedra, con el fin de separar el tasco y, a continuación, se espadaba y se rastrillaba. El lino, después de toda esta preparación, estaba ya en condiciones de ser hilado con la rueca y el huso, para más tarde ser tejido en los telares, que había en la mayoría de los pueblos. De lino se hacían los paños de ofrenda que cubrían los panes en la cesta del ofertorio, o las camisas de boda, y tantas otras prendas de ajuar doméstico; ya que el lino ha sido siempre muy apreciado.