MANZANEDA DE OMAÑA: La cestería en el mundo rural constituía rara vez un...

La cestería en el mundo rural constituía rara vez un trabajo de plena dedicación; lo normal era que la persona más habilidosa de la familia hiciese sus propios cestos: de mimbre, castaño o avellano, principalmente. No obstante, hay pueblos que se destacaron por esta labor, como pueden ser, en el oeste de la provincia, Villar de Acero, Porquerizas y Tejeira, que a finales del XVIII se dedicaban a hacer unos cestos de avellano de gran aceptación en el Bierzo, o Aira da Pedra que, a mediados del XIX, elaboraba cestos para la recolección de la uva en toda la región. Todavía hoy quedan buenos cesteros en la zona: en Burbia, San Juan de Paluezas, Santa Marina del Sil, y otros lugares bercianos. En Santa Marina del Sil viene celebrándose hace una decena de años un concurso de cestería tradicional. Los pueblos de la comarca de Valdeón también han trabajado la cestería de avellano. Y en Vegacervera se ha iniciado hace un par de años otro concurso de cestería de las riberas altas del Torio y del Bernesga, de mimbre sin pelar, tosco y verdoso. En las riberas del Órbigo (en el pueblo de Sardonedo) siguen haciéndose aquellos barriles de mimbre pelado o de palera, que traen el recuerdo de las faenas agrícolas, donde estaban presentes con el agua o el vino. El proceso es laborioso, y una vez tejido el barril se le da una mano de barro por el exterior y se llena el interior de pez caliente y líquida. Al enfriar la pez, se lava el barril para quitarle el baño de tierra que se había dado en el exterior y, finalmente, se coloca la correa de cuero. Pero ya no quedan en la provincia artesanos que hagan esos escriños de paja de cereales, tan bellos y decorativos.