La construcción de la casa
Los principales materiales utilizados en la construcción de las casas en nuestro pueblo eran: el barro en forma de adobe, sobre todo en épocas pasadas, la madera, la paja y los cantos rodados. El barro poco silíceo se utilizaba para la elaboración de adobes.
En los pueblos de una gran parte de la provincia de León, y desde luego en nuestro municipio, la forma más extendida de construcción de la vivienda familiar era la llamada de adobe, hasta hace unos 40 años, en que se comenzó a imponer el ladrillo.
Entre las características físicas del adobe cabe destacar una baja dilatación térmica, así como su buen comportamiento como aislante acústico, debido a sus grandes espesores, con una reducción de 56 decibelios en un muro de 40 cm., para una frecuencia de 500 Hz. Cuando el material está endurecido, presenta buen comportamiento frente al desgaste y al punzonamiento. A menudo podemos comprobar la dificultad que supone picar en las paredes de las casas de nuestros pueblos.
Antiguamente la solidaridad entre los vecinos del pueblo para determinadas tareas, era envidiable. Hoy, a consecuencia del aumento del nivel de vida, que ha favorecido el individualismo, se va perdiendo aquella manera de trabajar en común. Este sistema comunitario se ponía en funcionamiento no sólo por el llamamiento para realizar tareas públicas como arreglo de caminos, corta de setos, acondicionamiento de regueros y presas, sino también a requerimiento de cualquier particular que precisara ayuda.
Cuando un vecino afrontaba la difícil tarea de construir su casa, dado que por lo general el acarreo de materiales era muy importante, llamaba a "hacendera" y una buena parte del pueblo acudía a dicha llamada. Se procuraba escoger el momento más oportuno en que las tareas del campo fueran escasas. Por lo general, después de las vendimias era buen momento, ya que por una parte escaseaban las labores del campo y por otra parte las tierras estaban aún practicables para entrar en ella con los carros. Unos aportaban el carro y las vacas y otros llevaban sus picos y palas y ponían su trabajo. De esta manera en un solo día se realizaba la tarea que a uno sólo le llevaría más de veinte o treinta jornadas de trabajo.
Lo primero era acarrear la grava y arena para construir los cimientos. Esta se sacaba del río. El lugar más cercano era el Valderaduey. Más tarde una vez construidos éstos se procedía a acarrear la tierra para los adobes.
Algunas casas, sobre todo las más antiguas, como ya hemos adelantado, eran de adobes unidos con barro.
Los adobes se hacían después de acabar de eras y antes de que llegara el invierno, para que pudieran secarse bien.
Primero se elegía una tierra que estuviera cerca de algún arroyo o manantial para que no costaría mucho llevar el agua. Luego se cavaba bien esa tierra y se la dejaba lo más molida posible. A continuación se recogía la tierra en un montón y se hacía un pozo en el centro donde se echaba el agua necesaria para hacer la masa. Para que ésta compactara se le ponía paja molida —a poder ser de centeno— y se amasaba bien con los pies hasta que estaba a punto para moldear.
El molde era de madera y se llamaba adobera. Era una especie de cajón alargado del que sobresalían un poco las tablas de dos lados para poder levantar la adobera y que saldría bien el adobe. Tenía aproximadamente unas medidas de 20 x 15 x 10 cm. También había adoberas en las que se hacían varios adobes más pequeños de una sola vez.
Para moldear se cogía la adobera y se la mojaba para que no se pegara la masa. Esta operación había que repetirla cada vez que se llenaba la adobera de barro. Y para que el adobe saliera bien de la adobera, era necesario apretar con los puños por las cuatro esquinas.
Según se iban sacando los adobes de la adobera, se iban tendiendo al sol para que se secaran. Se dejaban unos días y se les daba la vuelta para que se secaran también por el otro lado. Una vez secos, se apilaban y, si no se iban a emplear inmediatamente, se ponía barda o unos haces de sarmientos encima para que no los estropearía el aire o la lluvia.
Era corriente usar un enlucido final para tapar las juntas con una masa hecha de barro y paja.
Cuando estos adobes se secaban totalmente, la pared resultaba de gran consistencia. Debido al grosor de estos muros, proporciona al interior de las viviendas, un formidable aislante tanto contra el frío en invierno como del calor en verano.
Una vez terminados, se planteaba el tejado. Como cargaderos se utilizan las vigas de madera. En lo alto del último "cincho", se colocaban unos" cuartones" tanto por la cara interior como por la exterior que actuaban como soportes de los "tirantes", o grandes vigas que de una pared a la opuesta, soportaban el peso del armazón del tejado. Sobre los extremos de éstos se colocaban las "tijeras", que en forma de V invertida, formaban las dos vertientes del tejado, juntándose en el centro sobre un madero vertical llamado "pendolón" en el centro justo de cada tirante. Además en ocasiones, con la intención de que las tijeras no cedieran, en los puntos sin apoyo, se procedía a "enjabalconar" colocando otros dos maderos desde las tijeras a la base del pendolón, si bien esta tarea por lo general se solía realizar años después de construida la vivienda.
Antes de las tejas, se colocaba un entarimado de cuartones de madera y luego tablas. En las más antiguas esto se sustituía por costanas. Sobre este armazón, se echaba el barro, y a continuación la teja comenzando primeramente por las hileras de "camas", o tejas que recogen el agua y cubriendo ambos bordes de estas con las llamadas " cubijas", y rematando el final de cada hilera con cal y arena.
Los principales materiales utilizados en la construcción de las casas en nuestro pueblo eran: el barro en forma de adobe, sobre todo en épocas pasadas, la madera, la paja y los cantos rodados. El barro poco silíceo se utilizaba para la elaboración de adobes.
En los pueblos de una gran parte de la provincia de León, y desde luego en nuestro municipio, la forma más extendida de construcción de la vivienda familiar era la llamada de adobe, hasta hace unos 40 años, en que se comenzó a imponer el ladrillo.
Entre las características físicas del adobe cabe destacar una baja dilatación térmica, así como su buen comportamiento como aislante acústico, debido a sus grandes espesores, con una reducción de 56 decibelios en un muro de 40 cm., para una frecuencia de 500 Hz. Cuando el material está endurecido, presenta buen comportamiento frente al desgaste y al punzonamiento. A menudo podemos comprobar la dificultad que supone picar en las paredes de las casas de nuestros pueblos.
Antiguamente la solidaridad entre los vecinos del pueblo para determinadas tareas, era envidiable. Hoy, a consecuencia del aumento del nivel de vida, que ha favorecido el individualismo, se va perdiendo aquella manera de trabajar en común. Este sistema comunitario se ponía en funcionamiento no sólo por el llamamiento para realizar tareas públicas como arreglo de caminos, corta de setos, acondicionamiento de regueros y presas, sino también a requerimiento de cualquier particular que precisara ayuda.
Cuando un vecino afrontaba la difícil tarea de construir su casa, dado que por lo general el acarreo de materiales era muy importante, llamaba a "hacendera" y una buena parte del pueblo acudía a dicha llamada. Se procuraba escoger el momento más oportuno en que las tareas del campo fueran escasas. Por lo general, después de las vendimias era buen momento, ya que por una parte escaseaban las labores del campo y por otra parte las tierras estaban aún practicables para entrar en ella con los carros. Unos aportaban el carro y las vacas y otros llevaban sus picos y palas y ponían su trabajo. De esta manera en un solo día se realizaba la tarea que a uno sólo le llevaría más de veinte o treinta jornadas de trabajo.
Lo primero era acarrear la grava y arena para construir los cimientos. Esta se sacaba del río. El lugar más cercano era el Valderaduey. Más tarde una vez construidos éstos se procedía a acarrear la tierra para los adobes.
Algunas casas, sobre todo las más antiguas, como ya hemos adelantado, eran de adobes unidos con barro.
Los adobes se hacían después de acabar de eras y antes de que llegara el invierno, para que pudieran secarse bien.
Primero se elegía una tierra que estuviera cerca de algún arroyo o manantial para que no costaría mucho llevar el agua. Luego se cavaba bien esa tierra y se la dejaba lo más molida posible. A continuación se recogía la tierra en un montón y se hacía un pozo en el centro donde se echaba el agua necesaria para hacer la masa. Para que ésta compactara se le ponía paja molida —a poder ser de centeno— y se amasaba bien con los pies hasta que estaba a punto para moldear.
El molde era de madera y se llamaba adobera. Era una especie de cajón alargado del que sobresalían un poco las tablas de dos lados para poder levantar la adobera y que saldría bien el adobe. Tenía aproximadamente unas medidas de 20 x 15 x 10 cm. También había adoberas en las que se hacían varios adobes más pequeños de una sola vez.
Para moldear se cogía la adobera y se la mojaba para que no se pegara la masa. Esta operación había que repetirla cada vez que se llenaba la adobera de barro. Y para que el adobe saliera bien de la adobera, era necesario apretar con los puños por las cuatro esquinas.
Según se iban sacando los adobes de la adobera, se iban tendiendo al sol para que se secaran. Se dejaban unos días y se les daba la vuelta para que se secaran también por el otro lado. Una vez secos, se apilaban y, si no se iban a emplear inmediatamente, se ponía barda o unos haces de sarmientos encima para que no los estropearía el aire o la lluvia.
Era corriente usar un enlucido final para tapar las juntas con una masa hecha de barro y paja.
Cuando estos adobes se secaban totalmente, la pared resultaba de gran consistencia. Debido al grosor de estos muros, proporciona al interior de las viviendas, un formidable aislante tanto contra el frío en invierno como del calor en verano.
Una vez terminados, se planteaba el tejado. Como cargaderos se utilizan las vigas de madera. En lo alto del último "cincho", se colocaban unos" cuartones" tanto por la cara interior como por la exterior que actuaban como soportes de los "tirantes", o grandes vigas que de una pared a la opuesta, soportaban el peso del armazón del tejado. Sobre los extremos de éstos se colocaban las "tijeras", que en forma de V invertida, formaban las dos vertientes del tejado, juntándose en el centro sobre un madero vertical llamado "pendolón" en el centro justo de cada tirante. Además en ocasiones, con la intención de que las tijeras no cedieran, en los puntos sin apoyo, se procedía a "enjabalconar" colocando otros dos maderos desde las tijeras a la base del pendolón, si bien esta tarea por lo general se solía realizar años después de construida la vivienda.
Antes de las tejas, se colocaba un entarimado de cuartones de madera y luego tablas. En las más antiguas esto se sustituía por costanas. Sobre este armazón, se echaba el barro, y a continuación la teja comenzando primeramente por las hileras de "camas", o tejas que recogen el agua y cubriendo ambos bordes de estas con las llamadas " cubijas", y rematando el final de cada hilera con cal y arena.