MANZANEDA DE OMAÑA: En sus paredes queda el aroma...

En sus paredes queda el aroma
Las ciudades progresan, o se empobrecen, cuando viejos edificios que formaron parte de la historia del lugar pasan a ser un fantasma entre las sombras, un recuerdo o un espacio para transformar y convertirlo en algo muy diferente. Pero en sus paredes siempre queda el aroma de los recuerdos, la historia que protagonizaron.

La estación de Renfe, la vieja azucarera Santa Elvira, las chimeneas de las tejeras y hasta los molinos que un día fueron de la ciudad son hoy sombras cargadas de fantasmas. Algunas estrenarán pomposos usos nuevos, como Palacio de Congresos, y otras han visto crecer a su lado, levantado en unas pocas semanas, el edificio que las sustituye y las hace históricas, como la nueva terminal de Adif que se ha comido a la vieja estación de Renfe.

Pero entre sus sombras siguen viviendo los recuerdos de los viajeros al amanecer con sus fardelas y sus gallinas, de los ferroviarios con su lámpara y su mundo, del único bar que permanecía abierto toda la noche con una fauna realmente singular, de aquellos primeros Talgo que iban los leoneses a ver pasar mientras repetían aquello de Tren Articulado Ligero Goicoechea y Oriol, de los viajes a la playa de San Lorenzo de Gijón, del tren Estrella de Galicia...

Todos los fantasmas viven allí, parados, como el reloj de la fachada.

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