MANZANEDA DE OMAÑA: “Existe una versión, un tanto legendaria, por estas...

“Existe una versión, un tanto legendaria, por estas montañas según la cual el Emperador Augusto, después de la derrota de los astures y cántabros, trajo centenares de esclavos: de la región italiana de Getulia. Estos "getulios", esclavos dedicados a la repoblación, fundarían estos dos pueblos, Gete y Getino. En este caso había que desistir de su fundación por los mozárabes”.
Maximiliano González Flórez,
en LA MONTAÑA DE LOS ARGÜELLOS
La sombra de La Cabra
Subiendo por el pueblo de Gete en dirección a La Collada, y aproximadamente unos cuatro kilómetros, se llega a un lugar que los nativos denominan "ruinas de San Pedro". Allí hay un pequeño altozano, que llaman "el campanario", donde existió la ermita y donde hace años aun sacaban los pastorcillos algún ochavo. Muy cerca se aprecian las ruinas de paredones de viviendas. La denominación de poblado de San Pedro quizá se deba a la existencia de alguna abadía de las que habla la diplomática del siglo X. Alrededor de la abadía existiría algún poblamiento, que acudían en torno a los monjes. que les dirigían el trabajo y les proporcionaban confortamiento espiritual. Lugares de pastos frescos, de abundancia de hierba, leña de roble y fácil comunicación hacia el valle de Gete; y trasmontando La Collada hacia el valle de La Tercia de los Argüellos. Ahora quedan allí los paredones del corral de las merinas y el chozo del pastor, todo de piedra caliza. Más arriba, en la gran mole de caliza se aprecia aún la huella de un inmenso socavón que llaman "La Cabra"; porque según las diferentes horas del día la sombra emitida se asemeja a una cabra. Las gentes del lugar aprecian la hora solar por la extensión de la sombra. Es el mejor reloj para los pueblos de Getino y Geté, porque se divisa desde todo el valle, constituido por la gran fosa tectónica de los dos pueblos. Este inmenso socavón se dice que fue producido por un alud de la montaña que sepultó en un aciago día al poblamiento de San Pedro, y que no tuvo más supervivientes que una anciana mujer.
Una noche, dice la leyenda, los de Cármenes se llevaron a la anciana con ánimo de que les cediera los terrenos de San Pedro, pero la mujeruca suspiraba constantemente por venir a Gete; y se estableció un pleito que fue dirimido ante el Concello de Jueces de la Collada del Coto, que gobernaba Los Argüellos. La vieja cedió a Gete todos los terrenos donde se oyeran las campanas de Gete, o sea, aguas vertientes. Desde entonces entró Gete en posesión de los pagos de toda La Collada y La Peña del Puerto.
El que los vecinos de Cármenes tengan acceso a la corta de leña en el monte Virción no tiene referencia con el poblamiento de San Pedro, porque está muy distante, y aquello debió ser pleito entre Cármenes y Almuzara. A mano derecha del poblamiento de San Pedro, montaña arriba, y casi en aguas vertientes, hay una cueva a forma de sima, en que a su alrededor crece la hierba y no se divisa hasta no hallarse uno a su vera. Es extraordinariamente peligrosa, porque se cae inadvertidamente en ella. Esta sima que llaman "Pozo Grayero" es profundísima, y dice la leyenda del Moro Quil, que en la razzia llevada a cabo en Cármenes por este agareno una cristiana huyó de Cármenes y por los montes vino a dar al Pozo Grayero, y allí se cayó para siempre. Pero su collar de perlas fue, saliendo una a una en la Fuente de la Fervienza; fontana fría y abundante que según esta tradición debe comunicarse con el Pozo Grayero.
La rendija de La Fedóndiga
Pués hay más de la leyenda del poblado de San Pedro. La anciana superviviente reveló a la hora de morir el lugar donde se hallaba escondido el tesoro del poblado, ya que se había ocultado en común los dineros a cubierto de toda sospecha. Y se expresó así:
"Sierras Bermejas, prado del Carnero,
en dos ollas está el tesoro,
una de veneno y otra de oro.
Por la rendija de La Fedóndiga
le entra el aire a la moneda".
Efectivamente, allí cerca se halla el prado del Carnero y las Sierras Bermejas o sierras rojas, por el color de su roda ferruginosa. En las Sierras Bermejas se aprecia una hendidura por la parte superior de no muy ancha cavidad, pero profunda, en la que crecen los espinos, y que llaman la grieta de la Fedóndiga. Los mozos ya han explorado varias veces el lugar, incluso alguien ha practicado-recientemente una pequeña calicata en la base de la sierra. No hay indicios de que se haya encontrado riqueza alguna pasadas una y otra generación. Se mantiene viva la leyenda porque hay que mantenerla, como ocurre en otros lugares leoneses que se mantenía el hilandero o filandón, y había motivos para los romances y las consejas populares, la leyenda o el rezo del rosario. Como siempre ocurre, también se contaba que una vez habían llegado al pueblo unos "alemanes" preguntando por "Sierras Bermejas", y traían martillos y piquetas. Se alojaron un par de días y se fueron de noche, ¿y quizá se hayan llevado el tesoro?. Como al lado del Abesedo existe más cercano al pueblo un valle que denominan "Valdefornos", "Reguera de Valdefornos", valle de los hornos, tendrá la leyenda una concomitancia con los llamados "Hornos del Griego" por otros lugares de la geografía leonesa. Los hornos de fundición de minerales áureos que arrancaban a la madre Tierra el precioso metal, ya dijimos que recibían para aplacar la ira de la Tierra, en su caldo de fundición, pollos, gallinas y pavos. Desde luego que el arroyo de Valdefornos trae aguas ferruginosas, y la hierba de sus prados presenta un polvillo brillante y color férreo...