MANZANEDA DE OMAÑA: Desde Villafranca del Bierzo y serpenteando junto al...

Desde Villafranca del Bierzo y serpenteando junto al Valcarce, entre un paisaje ubérrimo se va ascendiendo al puerto del Cebrero.
La carretera lleva hoy un itinerario distinto al antiguo camino jacobeo; porque una buena carretera enlaza Villafranca con Trabadelo, pasando una docena de veces sobre el truchero río. Antes hemos dejado Pereje o Perexe, con pleito entre El Cebrero y los monjes de Villafranca sobre a quien pertenecía el hospital. Sus viviendas denotan primitivismo.
Trabadelo lleva aún aires medievales entre sus edificios modernos. Por aquí anduvo el castillo de Auctaris, que cobraba portazgo al peregrinaje hasta que lo suprimió Alfonso VI, porque argumentaba que los peregrinos no tienen otra protección que Dios y el rey.
Más arriba llegamos a Ambasmestas, donde se bifurca un camino que conduce a Balboa y su castillo en ruinas, hasta adentrarse en la serranía de Ancares.
Luego se arriba a Vega de Valcarce; una de las mayores poblaciones de la subida, y allá al horizonte se recorta majestuoso el castillo de Sarracín, que se aprecia muy bien desde la carretera.
Ruitelán nos recuerda que por allí hubo también el asentamiento del ermitaño San Froilán, que aún queda una ermita. el que llegaría a ser obispo y patrón de la diócesis legionense. Más arriba Herrerías, con dos barrios; en uno de ellos se hallaba el hospital inglés.
El camino subía por La Faba y Lagunas de Castilla, el último poblamiento de León. Hoy no sube la carretera por allí; se desvía a la derecha y se está construyendo la nueva pista con viaductos, hasta llegar a Piedrafita del Cebrero, que ya no es de León, es lucense, donde los días cinco y veintiuno de cada mes se celebra el mercado.
En medio de la plaza se yergue airosa una estatua muy linda en homenaje a los niños, representando a una niña con un corderito en brazos.
El mercado es heterogéneo, y el pulpo se cuece a calderadas en medio de la calle, comiéndose en una tejavana con asientos y mesa alargada en plena rusticidad.
Para ir al Cebrero hay que desviarse cuatro kilómetros por carretera que parte desde Piedrafita en dirección a Samos. Desde el Cebrero continúa otro ramal de carretera a las explotaciones de las minas de Exminesa, en Rubiales, a una distancia de nueve kilómetros. Son urcas modernas explotaciones de cinz, plomo y plata, con cuatrocientas toneladas diarias de mineral concentrado.
El yacimiento se explota por una conjunción de compañías canadiense, surafricana, asturiana y Banco Urquijo. La extracción en bruto supone unas tres mil toneladas al día. Se moltura, se lava, se trata químicamente con espumosos de cianuro, y se queda en esas cuatrocientas toneladas que se metalizan luego en Avilés y Cartagena; dando vida a esta zona ponferradina ya que emplea quinientos obreros leoneses.
La técnica de explotación se denomina "explotación por cráter de recesión", V. C. R., y es de lo más moderno y avanzado técnicamente en el mundo, con una capa de treinta metros de grosor, quinientos metros de profundidad y se cree que unos cincuenta kilómetros de longitud; que entra por todo el vientre de Los Ancares Leoneses. Que si entra por Lugo termina en León.
EL CEBRERO
Un alto en El Cebrero supone el encanto de una meta en el viaje. un santuario bellísimo y distinto, con su cáliz del milagro, sus sepulcros, su pila bautismal por inmersión, la imagen de San Benito, el Cristo románico en reproducción ya que el original se halla en Madrid, un nuevo expolio sacando los originales de su contexto y llevándoselos a los museos centrales desposeyendo a los naturales del país de sus joyas auténticas. La fábrica, arquitectónicamente, se halla entre visigótico y románico. El cementerio, supone también una curiosidad muy singular.
Es el templo que guarda el Santo Grial gallego.
Hay que visitar las pallozas, de techo distinto a las de Los Ancares, atado por el exterior y en el interior todo un museo costumbrista.
Hay que comer en la hospedería, que todo tiene su sabor arcaico, porque los mesoneros de la hospedería de San Giraldo te regalan con una mesa de tipismo condimentado y abundante.
La leyenda del Cebrero
Una tradición muy fuerte sostiene que es verídica la leyenda.
Un monje de Aurillac celebraba misa en esta capilla, allá por el siglo XIV. Y vino a oír misa un labriego de Lagunas de Castilla, pueblo leonés, o de Barjamayor, que no lo definen bien, y subió arremetiendo contra las celliscas y torvas de nieve.
El monje celebrante menospreció la fe del feligrés, y le manifestó las dudas que tenía sobre si sería de inutilidad el sacrificio que había hecho en subir hasta allí, acometiendo cóntra el temporal.
En el momento de la consagración, el monje percibió cómo la Hostia se convertía en Carne sensible a la vista, y el vino en Sangre sensible, que tiñó los corporales.
Los corporales con la Sangre quedaron en el altar y la Hostia en la patena. Los Reyes Católicos le regalaron el fanal, y Carlos I no quiso verlo, porque teniendo fe no hace falta palparlo, decía.
Y allí están el cáliz y le patena, y se exponen en un fuerte monolito a la veneración, y en las bulas de los papas Inocencio VIII y Alejandro VI se hace mención del milagro del Cebrero. Cerca del altar hay un sepulcro que contiene los restos del monje y el feligrés de la leyenda.
Este cáliz es el Santo Grial gallego, y motivo de inspiración de la ópera del Parsifal de Wágner.
Hoy queda tanta devoción al Cebrero en El Bierzo como en Lugo…