MANZANEDA DE OMAÑA: D. DAVID RUBIO CALZADA...

D. DAVID RUBIO CALZADA

MARCELINO NIETO

Un leonés "Misionero de la Cultura Española en las Américas. Con este honroso y merecido título ha pasado a la Historia un Leonés tan desconocido en su patria como admirado al otro lado del Atlántico. Su pueblo natal, Posada de Omaña, donde naciese el 28 de diciembre de 1883, le ha dedicado este recuerdo; AQUÍ NACIO EL P. DAVID RUBIO, AGUSTINO, ACADEMICO, CATEDRATICO; MISIONERO DE LA CULTURA ESPAÑOLA EN LAS AMERICAS; SU PUEBLO Y LA ORDEN AGUSTINA LE DEDICAN ESTE RECUERDO. POSADA DE OMAÑA, 16. IV. 48

A la edad de quince años el p. David Rubio Calzada ingresó en el Real Colegio Seminario de Valladolid donde tomó el hábito de la Orden de San Agustín, profesando como miembro de dicha Orden el 4 de Octubre de 1900. Cursó los estudios de Filosofía y Teología en Valladolid y La Vid (Burgos), siendo, ordenado sacerdote en este monasterio medieval el 25 de julio de 1907. Al año siguiente fue destinado al perú, trabajando como profesor en los Colegios Agustinianos de Chosica y Lima. En la Universidad de San Marcos de la capital peruana se licenció en Filosofía y Letras en 1910 y dos años más tarde consiguió su Doctorado. Tras breve estancia en Santiago de Chile pasó a los Estados Unidos, explicando Lengua y Literatura Españolas desde 1915 en el Colegio que la Orden tiene cerca de Filadelfia bajo el patronazgo españolismo de Santo Tomás de Villanueva. Pronto la fama de su vasta cultura e indiscutible competencia traspasó los ámbitos agustinianos y fue requerido por la Universidad Estatal de Pensylvania como profesor de Filología Románica y Literatura Española, cuatro años (1922-1926), que haciendo de él una "verdadera potencia dentro y fuera de la Universidad", sirvieron para llamar la atención de la Universidad de Washington, que le invitó a regentar alguna de sus cátedras. El P. Rubio, por estar dicho - centro de consonancia con su estado religioso, aceptó la invitación. Dos años más tarde, 1928, fue nombrado Director del Departamento de Lenguas y Literatura Romances, cargo que desempeñó hasta su jubilación. Murió en Madrid, el 28 de Diciembre de 1962. Le faltaba un día para cumplir los ochenta años.

Hasta aquí llega el esqueleto de su vida. Intentamos darle espíritu. Como profesor era competentísimo, sus clases fueron un auténtico laboratorio donde se forjaron muchos de los hispanistas que hoy honran a América. Las tesis sobre temas españoles de los siglos XVI y XVII dirigidas por él mismo son numerosas. Durante más de cuarenta años su pluma no dejó de rasguear cuartillas que iban a la imprenta en forma de libros, ensayos, poemas y artículos: Cantos de mi juventud, 1911; Los Agustinos en el Perú, 1912; Remanso, 1915, Lo que me enseñó la vida, 1918; Peralvillo de Omaña, 1921; Elegías de Otoño, 1923; "simbolismo y clasicismo en la literatura moderna, 1923; ¿Hay una filosofía en el Quijote?, 1924; Yanquilandia por dentro, 1926; Antología española, 1930; Fábulas españolas, 1930,; La chispa y el humor españoles, 1932; La Universidad de San Marcos durante la colonización española, 1933; La Cultura clásica en España, 1934; Glosario de términos técnicos y bibliotecarios en español y en inglés, 1936; El alma mística de España, 1946; La fuente de San Juan de la Cruz y otros ensayos, 1948; La angustia de Hamlet, 1953, Guía para caminantes, 1953, editados en español o inglés en los más variados puntos de la geografía hispano-americana, Santiago de Chile, Lima, Habana, Nueva York, Washington, Méjico, Madrid, Zaragoza, otorgan al eminente agustino un puesto, no ya en la historia de la literatura de León sino del mundo.

No termina aquí la labor de este incansable agustino. El año 1927 se creaba la Fundación Hispánica de la Biblioteca del Congreso de la Capital norteamericana, gracias a un donativo generoso y españolista del Señor Archer M Huntington con esta finalidad: "Los libros que han de comprarse deberán tratar únicamente de Artes, Oficios, Literatura e Historia de España, Portugal y América del Sur", cuatro años más tarde el P. Rubio era nombrado Consultor en Literatura Hispánica de la Biblioteca y desde aquel momento fue el alma de la nueva fundación. Comenzó el caminar del misionero por las rutas culturales de España. El año 1933, encargado por la dirección de la Biblioteca, viaja a España para adquirir libros y tratar con las autoridades del Gobierno español un intercambio de publicaciones oficiales. Tras sus conversaciones con Fernando de los Ríos, ministro de Educación, el éxito coronó sus esfuerzos. Este intercambio, aunque interrumpido varias veces por causas de la guerra, se mantiene hasta hoy. Con el mismo fin y también por encargo de la Biblioteca visitó en 1937 todas las Repúblicas de habla castellana y portuguesa en América, obteniendo en todas ellas los mismos buenos resultados.

El 1 de enero de 1939 la Fundación Hispánica abrió sus puertas al servicio público y el agustino leonés era nombrado Guardián de la misma, cargo que desempeñó hasta 1943, en que renunció así como al de consultor de Literatura Hispánica. El P. Rubio había conseguido reunir en Washington más de 150.000 libros y dejaba tras de sí la fundación hispánica más grande y mejor organizada del mundo.

España correspondió a la obra del eminente agustino nombrándole Correspondiente de la Academia de la Lengua en 1927 y Comendador de la Orden de Isabel la Católica en fecha que no he podido verificar. Y la Biblioteca del Congreso, aparte el reconocimiento expresado en múltiples cartas, decidió dedicar su retrato al óleo en la Sala Hispánica con esta inscripción: "En recuerdo y perenne agradecimiento a los servicios prestados por el Dr. Rubio a la Biblioteca del Congreso".

Iría muy lejos si tratase de reunir en estas páginas los elogios y calificativos emitidos por personas de tan alto relieve como Jorge Santayana, Federico de Onís, Fulton Sheen, Juan Ramón Jiménez, José M Chacón, Willis Thorton, Lewis Hank, Severino Aznar, Julio Casares… Baste decir que nuestra patria tuvo en el P. David Rubio al pionero de la nueva idea de España en América…Y la provincia de León puede gloriarse, con todo orgullo, de una de las figuras más cultas y preclaras de sus letras en el siglo actual.